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domingo, 6 de noviembre de 2016

Extraordinaria mala suerte

La vida nos sigue sorprendiendo cuando menos lo esperamos. En verano de 1991, cuando vivía en el Tercero G, en Madrid,  trabajaba para una agencia de comunicación, System Press. A mediados de julio me enviaron a cubrir unas jornadas de la Universidad de Verano de la Universidad Complutense, que se celebra todos los años en El Escorial. Me asignaron a una fotógrafo maravillosa de origen colombiano, Mafo Plata, y ambas nos situamos en la zona de prensa, donde coincidí con muchos compañeros con los que seguro habré topado en muchos sitios después, pero no llegué a intimar con nadie. 

De entre esos compañeros recuerdo que había un chico que no paraba de fumar y hablaba por los codos. Mafo me lo presentó, pero no recuerdo su nombre, sólo sé que me dijo que estuvo en el año 85 en Colombia cuando la tragedia de Armero, y vivió lo de aquella niña llamada Omayra Sánchez que quedó atrapada y que estuvo casi tres días agonizando con su cuerpo atrapado entre los materiales expulsados por el volcán. Para quienes vivieron esa escena fue un golpe muy duro, les ha costado superarlo, precisamente porque la niña les hablaba con palabras tranquilizadoras, animando a los periodistas y hablando con ellos. Para él no fue diferente andaba medio trastornado. Creo que esas imágenes están en la memoria colectiva de todos. Frank Fournier fue el fotógrafo francés que hizo la excelente foto de Omayra que dio la vuelta al mundo y que fue galardonado con el World Press Photo. 

Anécdotas a parte, cuando llegó la hora de la comida, Mafo me explicó que nos daban vales para comer y que teníamos un apartado especial para prensa en los comedores, fuimos a por los nuestros, con tan mala suerte que no había sitio para mí. Estaban todas las mesas llenas, Mafo se sentó con los colegas con los que nunca legué a intimar y una azafata de la organización me preguntó si no me importaba sentarme con los ponentes, a lo que accedí gustosamente, aunque un poco desolada.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando me sentaron frente a la sexóloga Elena Ochoa, que entonces mantenía una relación con el escritor Luis Racionero, y Raymond Carr historiador y profesor de la Universidad de Oxford. La mesa estaba casi vacía por nuestro lado, estábamos casi en la esquina y cuando de repente aparece Alberti con su mujer, María Asunción Mateo - la que hoy ha resquebrajado toda la fortuna del autor- y Delibes, que se sentó a mi izquierda. Alberti presidía la mesa y su mujer a su izquierda al lado de Elena Ochoa.
En esa época los teléfonos móviles estaban al alcance de muy pocos, reservados casi exclusivamente para ejecutivos o funcionarios gubernamentales. Los periodistas nos movíamos con busca personas, el beeper que era molesto porque los tenías que llevar muy cerca para poder oírlo y leer los mensajes, los nuestros ya permitían recibir mensajes de texto.

Cuándo me preguntaron que qué ponencia daba yo, y les expliqué lo que me pasó, y que era periodista, se miraron un poco desconfiados, menos Alberti y Delibes, a ellos poco les pareció importarles. Yo puse mi beeper y mi grabadora encima y les dije "es la hora de la comida, ahora no estoy trabajando, no reproduciré jamás nada de lo que se hable en esta mesa". Fue una comida maravillosa, se me hizo tan corta... todos mis compañeros luego querían sonsacarme cosas, incluso la redactora jefe cuando se enteró quería que hiciera una crónica, pero me negué a hacerla- el principio del fin, jajajaja sólo llegué al mes de agosto aunque fue una época increíble, a veces me iba de juerga con mis amigos y a las 05.00 de la mañana metabolizando alcohol me ponía a redactar y leerles los textos sentados en mi sofá, locuras de juventud-.

El caso es que fue muy divertido, yo además conocía a una niña que había hecho medicina y que su padre era amigo de Delibes, cazaban juntos, lo que nos dio pie para hablar y contar algunas anécdotas de caza.  Rafael Alberti tenía entonces unos 88 años, había estado escuchándolo por la mañana en su participación en el homenaje que la universidad hizo a Miguel Delibes, que era para lo que lo invitaron. También estuvo Rosa Chacel en la charla, pero ella no vino a la comida. Me reí mucho porque Alberti tenía un gran sentido del humor, y hablaron de aventuras de caza a las que se unió el historiador británico que decía que el cazaba zorros a caballo.

Ojalá en esa época hubiera tenido la soltura que tengo hoy día, sí mi risa, mi comportamiento agradable, pero no vivía, ni bebía la literatura como hoy día. Sólo fue una aventura más en mi vida, pero algo que no he olvidado, ni olvidaré jamás.  Sólo puedo decir que tuve una gran y extraordinaria mala suerte.

sábado, 22 de octubre de 2016

El Vitor, en Cuenca

Hacía un frío del carajo... Toñi llevaba tiempo pidiéndome que fuera a pasar un fin de semana a su pueblo y este puente con la fiesta de la Inmaculada, sus fiestas del Vitor, era la ocasión ideal. Nunca había estado en Cuenca y salir de mi zona de confort de Madrid era toda una aventura, pero buff para una canaria poco acostumbrada a estas temperaturas... su hermano y cuñada me recogieron a medio día el 7 de diciembre y a partir de ahí me puse en sus manos. Nunca me gustaron las fiestas populares ni las aglomeraciones, las fiestas religiosas de gran tradición me dan respeto, pero no soy nada practicante, es más muchas las quitaría del calendario. Pero desde que me metieron en volandas en iglesia de Horcajo de Santiago... madre mía el pueblo estaba allí en peso... La tradición manda que el estandarte de la virgen salga la noche del día 7 a caballo por todo el pueblo hasta la tarde del 8 cuando es devuelto a su lugar. La Iglesia a rebosar de habitantes, lugareños y los que viven fuera y regresan a casa esos días, para algunos más importante que la propia Navidad. Es tal la devoción a la virgen, que los portadores del estandarte están esperando años para poder llevar la imagen a caballo por las calles sin parar las casi 24 horas. Actualmente hay solicitados hasta el 2088.

Es la procesión más larga de la Cristiandad. Y yo que soy dada a las emociones humanas, no puede dejar de admirar ese sentimiento místico al ver tanto fervor e intentando avanzar entre la multitud de personas que vitoreaban sin cesar el grito de "vitor la Purísima Concepción de Maria santísima concebida sin mancha de pecado original, vitor, vitor, vitor...". 

Es una experiencia indescriptible que a los 20 años se pasó enseguida cuando empezamos a recorrer las otras parroquias, las que más me gustan y en las que no pagué ni una copa... al ser la invitada de Toñi todas sus amistades se volcaron conmigo... Fue un fin de semana de mucho frío, de poco sueño, de ligues sin futuro, de miedo ante los fuegos artificiales que me dan pavor en mitad de la plaza. Pero hoy los recuerdos vienen casi 30 años después y fui una privilegiada, me agasajaban, invitaban, cuidaban, me iban saludando y buscando por todo el pueblo. Recuerdo a los mayores haciendo tiempo en las puertas de sus casas hasta que llegara la comitiva... se les daba comida y bebida para que aguantaran la dura y fría noche a caballo. Jugaban a las cartas, al dominó, al parchís... se les oía reír, contar, acusar de trampas y alguno medio trompa al que mandar a dormir.

Nosotras casi ni pisábamos la casa, fuimos a dormir un par de horas y mi mente me la juega recordando el frío del baño, las sábanas calentitas con calentador, las estufas rurales aportando la calidez que mi cuerpo pajarito necesitaba... sin duda una experiencia brutal, con aquel frío del carajo la madrugada del día 9, cuando cogí la guagua de vuelta a casa a mi apartamento de estudiante en el barrio de Salamanca con mi calefacción central y preparando casi mi viaje al calor de la familia y la playa de Las Canteras en Navidad.©

sábado, 31 de octubre de 2015

Hace 24 años… y como si fuera hoy…

En Madrid se celebraba esos días la Conferencia de Paz para Oriente Medio con la asistencia de la mayoría de los líderes políticos del mundo y la ciudad estaba llena de policías que habían venido desde otras comunidades para reforzar en las labores de seguridad. Claudia me metía prisa para coger la guagua e ir hasta tu casa, cuando yo había quedado con Óscar el compañero periodista de Onda Cero, Toledo, con el que tonteaba en casa de Alexandro y Raúl. Una amiga cumplía años y ponían en la tele la película de las Brujas de Eastwick, así que la panda había quedado allí para ver la peli, cenar y celebrar el cumple de Vega, y como Óscar había ido a pasar el puente, quedamos en vernos, sin recordar que Claudia me había comprometido a ir con ella a cenar a tu casa. Llevaba unos meses hablando de ti, que si eras muy guapo, que si te parecías a Miguel Bosé, que si no sé qué… pensé que le gustabas, y al final resultó que algo sí que le molabas… Yo quería ver a Óscar, pues llevábamos un tiempillo intentando fraguar la relación y como sólo le veía los fines de semana... Pero fui a tu casa a regañadientes, recuerdo que llevaba un panty de color turquesa, un jersey de cuello negro y mi chaquetón de piel negro (que creo es lo único que sigo conservando). Compré una botella de rioja en el super y en la guagua (el 61) me iba preguntando qué coño hacía allí con aquella loquilla suiza, que no sabía ni dónde era tu casa y de hecho nos perdimos por Princesa, y todos los polis que veíamos eran foráneos y nadie conocía la calle. Mi idea era cenar y en cuanto pudiera salir corriendo a ver a los demás. Pero cuando abriste la puerta y te vi… me entró un fliquiti por el cuerpo, jamás había sentido, ni he vuelto a sentir aquella sensación… Eso fue al abrir la puerta, pero cuando franqueé la entrada y me encontré con aquella biblioteca llena de libros… muchos de ellos en francés… tuvieron que sacarme a rastras de allí…
No quería irme y tú parecías querer retenerme, por lo que quedamos en un garito que ni recuerdo el nombre cerca de mi casa, sí se llamaba La Quadra, y aparecí convenciendo a Alexandro y Óscar que vinieran conmigo. Allí estabas tú con tu amigo Alberto Medina, por supuesto Claudia e Isabel, pero ellas ya ni me importaban, solo tenía ojos para ti, mi corazón latía para ti. Cuando me presentaste a Alberto dijo “por fin, esto sí que es una mujer” y yo le respondí “y una mujer de bandera”. Luego me debatía entre prestarles atención a ustedes y tener que aguantar a Óscar mosqueado porque no le hacía caso. Ustedes decidieron marcharse cuando yo estaba bailando con Claudia e Isabel. Se acercaron y claro, mi frente es lo que más cerca quedaba de tu boca, soy un tapona a tu lado… y allí me besaste y abrazaste deseando volver a vernos. Qué sensación, era feliz, flotaba por el universo y sabía que había encontrado al hombre de mi vida. (Claro otra cosa es que fuera yo la mujer de la tuya). Ese mismo día ya viernes 1 de noviembre, venía mi amiga María Maestro de Sevilla a pasar el puente con su hermana, pero quedamos que la recogían en mi casa y yo sin dormir… pero no podía, la emoción era tan grande. Le dije a María lo que significaste para mí, ese viernes se quedó en casa y salimos por la noche (otra noche sin dormir, que aguante tenía a base de cafeína y actrón para las jaquecas, je, je). Claudia me sorprendió diciéndome que te había invitado a comer el sábado día 2, festivo también y teníamos la casa pelá, sin nada que cocinar, encima que tenía que hacerlo yo porque ella solo sabía preparar müesli con frutas… Me puse histérica y le dije que te llamara y anulara la comida y quedáramos a tomar café. Te llamé yo misma y lo entendiste, te viniste con nosotras por la tarde y se unieron Raúl, Estela y no sé quién más, para mí solo existías tú. Estuvimos hasta las tantas, Raúl guitarra en mano. Luego nos fuimos al Guacamayo, antiguo bar del Loro en Sainz de Baranda. Yo no te quitaba los ojos de encima, ni tú a mí. Esa panda iba a ir a otro sitio, pero Claudia se empeñó que nos fuéramos a Kiev, que te juro, no sé ni donde está, ojalá tú te acordaras, me he machacado la memoria intentando saber dónde estaba pero no hay manera. Allí sólo fuimos, Raúl, Claudia, tu y yo, creo recordar que no había nadie más, quizá estaba Isabel. Mientras bailaba y no te quitaba ojo, todos parecieron desaparecer y decidí sentarme a tu lado. ¿Lo recuerdas?, para mí como si fuera hoy, te dije “me siento a tu vera” y tú respondiste lo típico: “siempre a la verita mía”. Luego no sé qué dijimos, recuerdo que me dijiste si podías besarme y yo te dije que sí. Me moría por ti, era la mujer más feliz del mundo. Me pediste que me fuera contigo a tu casa y te dije que no. Nunca supe si me creíste o te descojonaste, porque luego todo se sucedió con el llanto de Claudia, acusándome de quitarle al chico que le gustaba y demás ¿te acuerdas? Nos fuimos a mi casa, ella se fue a dormir y tú y yo … bajé a comprar pan para hacerte un bocata de desayuno y nos despedimos acaramelados con una cara de signo de interrogación. Me dijiste aquello de “si antes de unas elecciones se dan 24 horas de reflexión, démonos nosotros 48 y reflexionemos sobre esto”. Pero no te dejé reflexionar, ni lo hice yo. Al día siguiente fui a buscarte al gimnasio Argüelles, me diste un beso en los labios, me cogiste por el hombro y nos fuimos a tu casa. Ahí empecé a perderme en tus verdosos ojos y duró lo que duró. 
Ese año, año capicúa y que yo decía iba a ser especial para mí, además de celebrarse la Conferencia de Paz de Madrid, que fue una tentativa por parte de la comunidad internacional de empezar un proceso de paz entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, Siria, Líbano y Jordania. Ideada por el gobierno de España y auspiciada por Estados Unidos y la URSS, empezó entre el 30 de octubre y terminó el 1 de noviembre de 1991… duró tres días, menos que nuestra relación. Sucedió lo que los metereólogos denominaron La Tormenta Perfecta o Halloween Storm, como fue llamada debido a la fecha, y cuyas pérdidas oscilaron en los cientos de millones de dólares. Así que dos acontecimientos históricos inolvidables para el mundo y uno para nosotros. Han pasado 24 años y aún nos seguimos recordando, aunque jamás fue lo que pudo haber sido, pero fue bonito y siempre nos hemos llevado bien...
Óscar y yo también lo intentamos en un tiempo... pero nunca funcionó y seguimos teniendo una relación cordial y compartiendo la profesión... Nunca hubo antes nadie  más importante y después... bueno después sí... pero esa, esa es otra historia que sucedió unos años más tarde, justo después de vernos por última vez... me dejaste en el aeropuerto de Barajas con un beso y el recuerdo de un inolvidable fin de semana, justo en mi cumpleaños aquel 1995.


lunes, 1 de junio de 2015

Te invitaré a un café

Como antaño te invitaré a un café cuando vengas. Nos sentaremos a hablar recordando los hechos pasados... trazaremos planes de futuro. .. recordaremos los viejos sofás estampados, los muebles de estilo castellano, la moqueta con algunas marcas de cigarros. .. recordaremos el espeso humo que dejaban nuestros cigarros con las ventanas cerradas al cobijo del frío y evitando que escapara la calefacción... Los viejos póster de las paredes, los libros y periódicos apilados en cualquier rincón. .. aquellas eternas horas que pasábamos hablando y reflexionando en alta voz....como antaño te invitaré a un café cuando vengas y quizás un whisky o un ron miel. ..

lunes, 5 de mayo de 2014

Parece mentira


Seguro que tú ni te acuerdas de aquel día. Te vi venir desde la ventana por la Avenida de los Toreros. Ibas dando saltitos como los que dabas cuando eras un niño...subiste a casa con tu pícara cara llena de pecas...trajiste una bolsa llena de chucherías y empezaste a narrar historias de esas tuyas sobre conquistas... Siempre has tenido tanto éxito con las mujeres... Recuerdo todas las que me presentaste y de las que oí hablar...Esa tarde cayó y dió paso a la madrugada... Te quedaste dormido con tu cabeza sobre mi regazo... Hablaste en sueños y llevo más de 20 años sin contarte ni pio...jaja cómo te he martirizado... Parece mentira que alguna vez me creyera enamorada... Parece mentira que vinieras ese día con el resultado de uno de tus exámenes y sacaras esas notas que sacabas, cuando eras el más golfo y popular de la Facultad de Farmacia... Parece mentira que pronto sumemos 30 años de amistad... Y que jamás amigo te haya contado lo que revelaste en sueños aquel día... Jaja...bueno murmuraste antes de quedarte frito y hablar, eso que llevo oyéndote durante todos estos años: " Ay mi Mayteee"...

viernes, 11 de abril de 2014

La hucha de los deseos




A veces me acuerdo que empezó siendo un juego… una hucha de lata que alguien me regaló, no recuerdo como apareció en el apartamento allá por los años 90, supongo que harta de verla en la estantería cerca del televisor y hablando con alguna amiga o amigo con las que me pasaba algunas madrugadas, fumando ante un café o una botella de whisky, se nos ocurrió bautizarla como la hucha de los deseos. Toda persona que entrara en casa, y que eran muchas, todo hay que decirlo, iba dejando su deseo en la hucha.
Un papelito bien doblado, no importaba, el color el tamaño o procedencia. Podía ser un trozo de servilleta garabateada en un bar, de aquellos bares que frecuentábamos y donde compartíamos los minis de cerveza hasta agotar nuestros pocos recursos de estudiantes o desempleados con el título universitario bajo el brazo. Podía ser un trozo del periódico del día, un post-it de color, daba igual el soporte, lo que nos importaba era los trazos que íbamos dejando dentro. Había quien como letanía repetía el mismo deseo día tras día… siempre era el mismo, lo se´, pero cambiaban las letras para engañarse y creer que por escribirlo de manera diferente, y quizá sin copas encima, se cumpliría. La hucha dio paso a una hermana gemela y prometimos que algún día décadas más tarde nos reuniríamos a abrirlas, a leer los deseos formulados de forma anónima, jugar a intentar adivinar qué era de quién y analizar se habían cumplido, quemarlos una noche de San Juan... Nunca lo hicimos, pero las huchas están apiladas en el sótano de mi otra casa, esa en la que ya no vivo hace años y que solo guarda trastos, libros de la carrera, del master, restos de la ropa de bebé no prestada y jamás recuperada, revistas viejas, restos de algún jurásico ordenador, sillas, lámparas, viejas alfombras… Viajaron desde Madrid a Gran Canaria, nunca me deshice de ellas y llevo días acordándome y siempre el respeto ha sido más grande que la curiosidad de leer lo que hay dentro…


Quizá me atreva, quizá cuando se acerque junio, me acerque por allá y busque las huchas, saque el abrelatas y deje salir aquellos papeles, peticiones de amor, de trabajo, salud... aquellos pequeños guiños que la mayor parte de las veces dejábamos madrugadas al regresar de juerga, madrugadas o amaneceres en los que el resto de maquillaje o gomina nos mostraba la imagen despreocupada de quienes aun no sabíamos lo que era luchar en la vida. Pediré permiso a quiénes perduran en la lista de amigos y amigas eternos, a los que conservo y que sé que más de una vez depositaron allí sus sueños… quizá, quizá me atreva a desempolvar aquellos recuerdos.

domingo, 2 de junio de 2013

Casi pierdo a uno

Hace unos días les hablaba de los hermanos Flores, y casi pierdo a uno. Digo casi porque la vida es así de justa conmigo y me ha permitido seguir contando con él, tras un infarto, más de una semana de UCI, traslados de hospitales en UVI Móvil y finalmente recibir de regalo un triple Bypass pues sus arterias estaban colapsadas de tanto querer. Mi querido Pedro al que no he dedicado aún un capítulo especial ha sufrido este percance. Quizá una ve la muerte de cerca en personas mayores, ve la muerte como algo natural, algo que forma parte de la vida. En mi familia hemos vivido circunstancias que nos han hecho estar casi dos años de hospitales con una tía mayor, y que a sus 82 años está en casa vivita y coleando; hemos luchado con un par de cánceres superados de una sobrina y mi padre, las operaciones de mi hermana porque se cayó y rompió un pie que casi pierde... visitas médicas, porque como dice un amigo, las agendas de nuestros padres ya solo tiene esas anotaciones... En ese tiempo de hospitales, de viajes de clínica en clínica, de esperas y agonías, vimos fallecer muchas personas.Personas jóvenes, enfermas o víctimas de accidentes, personas mayores... La diabetes, el corazón, los pulmones, la edad, el cáncer... qué más da los motivos, la muerte arrebata a los seres queridos y punto. Yo ahora puedo celebrar que Pedro siga con nosotros, que a sus 48 años haya podido sobrevivir a esta hecatombe de vida que lleva y que ahora empiece a ver la vida de otra forma: ha vuelto a nacer y un par de días antes de su cumpleaños, pues le operaron justo en el mío y fue mi mejor regalo. Ahora tengo que aprovechar el tiempo y escribirle lo que le debo y lo haré esto solo es un adelanto del cariño inmenso que le tengo. Quiero a toda la familia Flores, no puedo negarlo, son la familia que tuve en mis años de estudio en Madrid.
Quizá muchos de nosotros hayamos pasado por experiencias similares, hayamos perdido amigos, jóvenes o de nuestras edades ya algo canosas, y supongo que sigue siendo algo duro de digerir, algo que nos cuesta entender y que siempre es más comprensible en la piel de los demás. Sé que es duro, que crea impotencia, pero yo no voy a hacer hoy una apología del dolor, quiero celebrar, celebrar que él y mis familiares lesionados están vivos, más vivos que nunca, que han superado sus males y que la vida sigue siendo justa, muy justa conmigo. Lo demás, los problemas laborales, las decepciones, las angustias vitales... se quedan pequeñitas ante estas noticias. Ahora levanto una copa por todos ellos y celebro haber cumplido un año más en este mes de mayo que dejamos, qué él, mi Pedro Flores, amigo entrañable del alma, hermano postizo... también los haya cumplido. Te debo un capítulo Pedro, te lo escribo...

viernes, 10 de mayo de 2013

Los hermanos Flores


Mientras me había decidido a escribir todo esto, y que llevaba algo más de un año en paro, me salió un  trabajo en un semanario de economía. El lado positivo que es iba a volver a ganar dinerito, volver a patear calles buscando noticias aunque sean de economía, mi peor asignatura durante la carrera, claro que hoy en día, lo que me echen encima. El horario estaba muy bien, en principio sólo por las mañanas, así que seguía disponiendo de unas horitas para escribir aunque no lo hiciera todos los días, y tiempo para no tener que molestar a mi madre o sobrinos con ir a recoger al niño al colegio y atenderlo hasta que tanto Camilo como yo llegáramos a casa. Afortunadamente puedo contar con Camilo para la casa, es de esos pocos maridos que comparte las labores domésticas en todos los terrenos, se defiende tanto con la lavadora como con la escoba o la comida. Suponía que ahora iría mucho más lenta con este proyecto, y no quería abandonarlo, e incluso empecé hablando de las próximas personas de las que quería hablar,  de los Flores, los tres hermanos Flores, Ana, Pedro y Estela. 
Sin embargo, antes de empezar a hablar de estos tres amigos que se convirtieron como en unos hermanos postizos, me puse a escribir de la guerra. Entonces decía algo así - llevamos ya  20 días oyendo y viendo imágenes de niños troceados, ya que muchos han perdido parte de sus miembros al ser alcanzados por misiles. Desde que en la madrugada del 20 de marzo de 2003, EEUU, decidiera iniciar su ofensiva militar contra Irak, han caído muchas personas, pero la muerte de los periodistas españoles Julio Anguita Parrado de El Mundo y José Couso, reportero gráfico de Telecinco, parece que nos ha conmocionado a todos. No tuve la suerte de conocer a ninguno de ellos, aunque tengo compañeras periodistas que estudiaron con Julio, pero me ha dejado tan mal. Por un lado se que envidio a todos los corresponsales que están allí ahora mismo, a pesar de que el Gobierno español les pida que regresen, porque en el fondo creo que a todos los periodistas nos gustaría estar ahí, al filo de la noticia, pero pasar a la historia por haber perdido la vida es algo muy duro, no quiero estar en el pellejo de sus amigos y familiares. Me impresionó mucho oír las declaraciones del Padre de Julio, Julio Anguita, ex dirigente de Izquierda Unida, siempre fue un hombre que admiré, pero ahora su entereza sorprende al mundo y sigue declarando estar en contra de esta guerra absurda.
 “El saqueo generalizado prosigue por toda la ciudad; grupos desorganizados arramblan con todo lo que encuentran en los edificios oficiales e incluso en viviendas particulares, desde aparatos electrónicos hasta mesas e incluso camas.
El producto del pillaje es depositado en pequeños carricoches arrastrados por hombres, mujeres y niños. Otros automóviles que circulan no transportan el producto del pillaje, sino cadáveres en ataúdes que llevan atados a la baca del coche”. Estas son algunas de las frases que publicaba hoy día 11 de abril de 2003 la agencia de noticias EFE. No deja de sorprenderme, soy de las que miran las imágenes por la tele, a pesar de lo horrorosas que resultan, ¿morbo? No, no es morbo, es tener en cuenta, retener en la retina lo cruento de todas las guerras, los destrozos no solo humanos, donde podemos ver museos, casas y demás edificios caídos.

La guerra ha terminado, en pocos días,  pero ahora queda lo peor, la reconstrucción de un país dominado por los norteamericanos.

En España ha comenzado la campaña electoral por las autonómicas y municipales, ahora todos los partidos hacen de las suyas para echar en cara el tema de la guerra. Creo que ya he dejado claro cuál es mi actitud ante ella, de repulsa total y absoluta, no obstante creo que hay otras cosas más con las que tampoco puedo aplaudir a este Gobierno, como el decretazo, la ley de inmigración, la reforma educativa... no es hora de castigarle, pero sí de demostrar en las urnas que una no está de acuerdo con la política llevada a cabo.
Bueno dejemos el tema de la política al margen y retomemos el hilo de mi relato.
En breve es el cumpleaños de Estela, después será el de Pedro, así que voy a darme prisa y relatar lo que me une a ellos para poder enviárselos como regalo virtual. Llegado a este punto diré que ya lo he hecho con Álvaro y Raúl. Este último me envió desde Washington unas líneas vía mail que decían así “Querida Mayte, me gustó mucho como lo escribiste. Al elegir un estilo cercano al epistolar, te da libertad y flexibilidad en la expresión, además de mayor espontaneidad. No estoy tan seguro en cuanto a la opción de escribir con "s" por varias razones: primera, una de las características del español es que, a pesar de la diferencia dialectal, se conserva una asombrosa unidad gramatical y ortográfica; algo que no pasa en el inglés, donde algunas palabras se escriben de forma diferente. Segundo, si tuviéramos que elegir la ortografía según nuestra forma de hablar, tendríamos que buscar los gráficos para aspirar algunas letras, o quitar las "s" que en muchas palabras no pronunciamos. Estas pueden ser mis observaciones. Por lo demás, estupendo. Espero que me sigas enviando tus escritos para disfrutar de ellos”.
Quizá tenga algo de razón en lo que dice, no obstante quiero conservar mi recuerdo diferenciando la forma de hablar de nosotros los canarios frente a los peninsulares.
Una vez más divago y pierdo el hilo del relato, pues decía que iba a hablar de los Flores. Ya ha pasado la fecha de sus cumpleaños y no les he enviado nada, pero sin duda lo haré cuanto antes.

miércoles, 30 de enero de 2013

Pepe


Aquel primer año en Madrid estuvo pues marcado por la novedad, a mi la carrera me decepcionó un poco, he de confesar que no era lo que yo creía, supongo que nos pasa a todos, pero yo amaba el periodismo, quería ser una reportera intrépida y aprender muchas cosas y de repente, encontrarte con asignaturas como Lengua, Historia... la verdad no se presentaba halagüeño, pero me encantó Redacción Periodística, y su profesor, Bernardino M. Hernando. 
Bernardino me animó a seguir adelante, valoró mi trabajo y me dijo que tenía las cosas muy claras y  no debía darme por vencida. Me recordó la fuerza que me trasmitió otro profesor que tuve en el instituto, Fernando Pastora, del que hace un año me enteré que falleció, una vez que le comenté mis temores a empezar una carrera, entonces me respondió “Mayte tu tienes un par de pelotas para hacer lo que quieras, y ¡Qué pelotas¡” Esa frase me acompañó siempre, la seguridad que los demás veían en mi me dio fuerzas para luchar y tirar siempre adelante, en todos los aspectos de mi vida.
Como dije en verano estuve trabajando y gané mis primeras pesetas en la vida, me pagaban muy poquito, estaba en calidad de prácticas, pero me hacía tanta ilusión. Luego fui una idiota porque al año siguiente no volví y quizá ahí perdí la oportunidad de mi vida de emparentar con Prensa Canaria, claro que mi sueño era quedarme en Madrid y como también he apuntado, la inexperiencia, la inmadurez, nos hace perder el norte que los años nos dan. 
En septiembre el cambio de quedarme sola en el apartamento, unido al reencuentro con Pepe, dieron a mi vida nuevas ilusiones. Pepe representa en mi vida la lealtad, nos conocemos desde la misma época que conozco a Raúl, es unos tres o cuatro años mayor y por generación era más amigo de mi hermano Vicente, pero con el tiempo nuestra amistad se hizo tan fuerte... Recuerdo que cuando yo estudiaba C.O.U. iba por las mañanas a la oficina de mi padre y le atendía el teléfono, le concertaba citas y en una palabra, me moría de aburrimiento, pero me ayudaba a compensar éticamente al gasto que le iba a suponer mis estudios en Madrid. Pepe entonces había colgado sus estudios de Ingeniería y se preparaba para hacerse como el denomina Funcionario del Estado. El caso es que venía todas las mañanas, salvo alguna excepción, y me hacía compañía, pasábamos la mañana juntos, no recuerdo de qué hablábamos, sé que me enseñó a jugar al ajedrez, que por cierto soy muy mala jugadora, y que se nos pasaban las horas. Cuando se fue a la academia nos escribíamos, y cuando se fue destinado a Álava también mantuvimos correspondencia, pero ese verano, en 1985, se pidió destino a Madrid, y allí estaba. 
Pepe tenía llaves de mi casa, siempre se la ofrecí como suya propia y era mi familia en Madrid, junto a Raúl y Chita, a quien por cierto alguna vez se los llevé a ambos. Claro que ya no éramos los niños de antaño, ahora éramos dos adultos (él mas que yo) y empezamos a compartir otras vivencias. Siempre estuvo también a mi lado, a él confiaba cosas y manteníamos conversaciones tan privadas y tan nuestras. Pepe se unía a nuestras veladas jugando a las cartas, con Álvaro, con Ana, Pedro y Estela. No le gustaba salir de marcha, aunque en la época en que Eva y yo conocimos al dúo argentino llegó a salir con nosotras en varias ocasiones, pero sus salidas preferidas son el cine y los conciertos. 
Es una persona superinteligente, tiene una cultura impresionante, puedes hablar con él de cualquier cosa, está al día en todo y recuerdo una vez jugando al Trivial, que desde que le tocó el turno no paró hasta ganar la partida y todos estaban asombrados, yo no. Quiero a Pepe, de eso no hay duda, es el eterno amigo adorado y sincero que siempre ha estado a mi lado en duros momentos. Una vez me dio por coleccionar postales y él me traía de todas partes, prácticamente fue quien me facilitó el 80% de ellas. Me regaló libros sobre Humphrey Bogart, hasta uno en alemán, fotos y póster de mi ídolo del celuloide. Sin embargo teníamos algo que nos separaba, a mí nunca me gustó ir al cine. Yo era de esas personas que preferían ver en video cómodamente en casa las películas, pero unos años más tarde él me sacó de mi error y me descubrió un mundo diferente, de cines, de revistas especializadas, de libros bibliográficos. También le gusta mucho la música y ni qué decir de los deportes. Siempre le gustó correr, recuerdo madrugar para ver pasar bajo mi ventana la maratón de San Isidro en la que él participaba, por supuesto que no le veía, pero él a mi sí podría reconocerme y sentir así mi apoyo moral. Es una persona con un sentido del humor muy ácido, es cínico por naturaleza y capaz de reírse de su sombra. Su timidez es tan fuerte que la esconde con ese humor socarrón y que siempre sale en cualquiera de las conversaciones que se mantenga con él. Sus padres son granadinos y él tiene esa gracia natal de los andaluces que mezclada con la salsa canaria dan origen a esa persona que es. Siempre, y digo siempre, ha estado a mi lado desde hace muchos años. Ahora nos hemos perdido un poco la pista, pero eso si, seguimos queriéndonos y llamándonos por nuestros cumpleaños y Navidad. Nos vemos poco, es cierto, pero cada vez que lo hacemos es como si nos viéramos todos los días. 
Mi relación con Pepe atravesó una época diferente, un paréntesis en nuestras vidas, porque mi apego a él, hizo que confundiera mis sentimientos y creyera que era el hombre de mi vida. No lo era, es uno de los hombres de mi vida, porque sin duda mi vida sin él sería también incompleta, pero sigue siendo el amigo que siempre fue. Cuando Eva se marchó de Madrid en el año 89, él y yo estuvimos más juntos que nunca, si cabe, porque como digo siempre estuvo presente. Aún recuerdo  a la primera película que me arrastró a ver en el cine, en los Renoir, una película que cada vez que veo me gusta más y me trae a la memoria aquél día, Cinema Paradiso.
Pepe me unió también a sus hermanos, a los que desde luego también conocía desde niña, los dos menores que él, pero que aunque mi edad se acercaba más a la de ellos, como digo mi relación con él era especial. Jorge y Ángel también iban alguna vez por Madrid, y se quedaban en mi casa o en la de Raúl, incluso recuerdo que fue José Manuel, otro hijo amigo de mis padres pero que yo no conocía y que a raíz de ahí entablamos un contacto que dura hasta hoy día. Una anécdota muy graciosa es que una vez Jorge salió de marcha conmigo y la panda de amigos de Pedro con los que salía en esa época y recuerdo que tuvo que llevar el coche de Ramón porque éste estaba bastante perjudicado por las copas. Para Jorge era la primera vez que cogía un coche en Madrid, que encima no era suyo y fue toda una aventura. También pienso ahora en las cosas de la vida, y en eso que se dice de qué pequeño es el mundo. Una noche en 1996 ya de vuelta en Gran Canaria al principio de mi corto noviazgo con Camilo, me propuso una noche ir a cenar con una pareja de amigos que ya conocía y otro al que teníamos que pasar a recoger y que aún no me había presentado. Cuál fue mi sorpresa que al ir a recogerlo, jajaja, era José Manuel. En esas vueltas de la vida, Camilo le conocía desde hacía años, y conocía a Pepe y sus hermanos, pues habían jugado alguna vez en el patio del colegio La Salle, en el barrio donde nos criamos. Quién sabe a lo mejor hasta me lo crucé alguna vez cuando éramos niños. Con ello descubrimos que teníamos conocidos comunes de la infancia.
A medida que escribía esto, y que comencé en 2003, llevábamos casi una semana de guerra, escribí entonces en estos momentos oigo a Manolo Almendra, enviado especial de Telecinco en Kuwait, justo en el momento en que sonaban las alarmas antiaéreas y la señal para acudir a los refugios. Se colocó su máscara y se despidió de la conexión en directo. Manolo es grancanario es de mi promoción, aunque él estudió Imagen y Sonido en lugar de Periodismo, sin embargo su dominio del inglés le ha servido para dedicarse al reporterismo internacional. Nos conocimos en Madrid, sobre todo porque coincidimos en alguna ocasión durante nuestros regresos vacacionales y, o bien nos veíamos en el aeropuerto, o viajábamos en el mismo vuelo. La primera vez que le vi en la tele fue durante la última entrevista que se le hizo en directo en España a Betty Davis durante el Festival de Cine de San Sebastián, él trabajaba entonces para el programa matinal que presentaba y dirigía Jesús Hermida en la primera de TVE. Recuerdo que Jesús Hermida casi no le dejó hablar, se tragó la entrevista de Manolo en un alarde de su dominio del idioma. Al poco le vi en los informativos de Telecinco, y hasta hoy día. La última vez que le vi fue en Madrid, en una sala de salsa donde degustábamos los famosos mojitos cubanos, en esa ocasión me comentó que su familia se trasladó a vivir a Madrid y habían comprado una vivienda en Tres Cantos. No se si seguirá viviendo ahí, pero me encantaría entrevistarle cuando acabe la guerra y que nos cuente su experiencia personal.
-Después de este pequeño corte en el hilo conductual seguí hablando de Pepe-. 
Seguro que anoche que fue la entrega de los premios Óscar se quedó toda la velada viéndolos. Dicen que esta ha sido una de las ceremonias más tensas en la historia de Hollywood, debido sin duda a la guerra que los norteamericanos nos han llevado. Es uno de los cinéfilos más cercano que tengo, su pasión le lleva a poseer una memoria prodigiosa y es capaz de hablar de directores, años y elenco sin pestañear.
De Pepe tengo recuerdos imborrables como un verano que me operé de un cordal y se me puso la cara como a la de un oso atacado por abejas, él se plantó en el apartamento que mis padres habían alquilado en la playa de Las Canteras y se mantuvo casi 24 horas a mi lado, viendo películas de vídeo, jugando a la baraja o a algún otro juego de mesa, mientras todos salían y entraban de la playa o cualquier otra actividad veraniega. Recuerdo cenas en casa de mis padres, de esas pantagruélicas y numerosas en las que me ayudaba a recoger la mesa, fregar e incluso a atender a mis sobrinos, y se quedaba después hasta la mañana siguiente también en casa. 
En Madrid, a parte de las veladas enteras que pasábamos jugando también a las cartas, recuerdo una vez que nos dio por hacer espiritismo con una ouija y también pasamos muchas horas con ello, sin dejar de mencionar las horas frente al televisor viendo películas o partidos de fútbol o baloncesto. Muchas noches las pasamos hablando y hablando sin cesar, con risas, carcajadas incluidas. Cuando me quedé sola se convirtió en mi sombra, hablábamos continuamente por teléfono e íbamos hasta tres y cuatro veces por semana al cine. También me invitó a varios conciertos, recuerdo muy especialmente el de los Rollings Stones en el Vicente Calderón con unas 60.000 personas, o el de Whytney Houston o Pet shop boys en el Palacio de  Deportes de Madrid, antes de que se quemara a mediados de 2001. También aquí vimos algún partido internacional del Real Madrid. Pepe es del Barça y siempre lo ha sido, dando motivos para mofarnos de él cuando jugaba el Madrid y veíamos los partidos en casa, siempre haciendo las típicas comparaciones, claro que a él, siempre le han resbalado, para él, el culé es el mejor equipo del mundo.
Recuerdo también una vez que él se operó de la rodilla en la clínica Santa Catalina y que fui a visitarle y me quedé hasta que me echaron de la habitación. Pero no son estos los mejores recuerdos, porque hay anécdotas como la de una vez que construyó un barco de papel gigante con periódicos o que se disfrazara con cosas nuestras y miles de tonterías más que siempre estaba dispuesto a hacer por animarnos. Risueño, tímido, inteligente, metido en su propio mundo, siempre con bolsas que portaban periódicos, revistas o películas. Siempre ha sido un amigo espléndido, generoso, pagaba la mayoría de las sesiones de cine, los conciertos, una vez me regaló unos pendientes de oro por mi cumpleaños, y un radio casete de doble pletina y columnas por Navidad. Amigo leal donde los haya, representa pues la lealtad en mi vida. Nos vimos hace unos días, vino a casa después de casi un año sin vernos, me trajo dos películas antiguas de Humphrey Bogart, pasó unas cuantas horas en casa y no paró de  jugar con mi hijo, de estar atento con Camilo. Se quedó a cenar y quedamos en organizar una noche de estas una cenita a lo grande. Le quiero muchísimo, mas de lo que él mismo se cree, quizá cuando lea estas líneas algún día comprenderá lo grande que es para mi, una persona de gran corazón, amigo leal donde los haya, y por leal le tengo en uno de los podio de mi vida, aunque el prefiriera ganar la maratón de Nueva York.

jueves, 24 de enero de 2013

Eva


¡Qué diferente es el paisaje canario al madrileño que recuerdo! Cuando empecé a escribir todo esto hace unos años, casi todas las tardes me iba andando hasta el colegio de mi hijo, entonces escribí: el paseo me devuelve la imagen de una ciudad viva, tan llena de coches como en el mismo centro de Madrid, sin embargo es tan diferente e inexplicable, aquí normalmente luce el sol y el mar está presente por todas partes, cuando atravieso la Avenida Marítima me topo con la playa de Las Alcaravaneras, que por cierto ahora está en obras por la parte del Club Náutico, un poco más allá está el Muelle Deportivo, donde ondean banderas de casi todas las nacionalidades, y ni qué decir tiene cuando se celebra alguna regata de carácter internacional. Hace unos días pasando cerca de la playa un helicóptero, que pasó bastante raso, hizo que todas las gaviotas salieran en desbandada y de repente el cielo se llenó de alas blancas. En Las Palmas de Gran Canaria aun puedes levantarte cada mañana oyendo el gorjeo de los pájaros y como en mi caso, oír en noches tranquilas el murmullo de las olas meciendo los sueños. El Madrid que recuerdo es plúmbeo, lleno de coches y donde los pájaros apenas se perciben al llegar la primavera, pero también es cierto que allí se viven las cuatro estaciones, el otoño lleno de hojas secas, la dulce primavera y sus primeros rayos de sol, las ardillas del parque de El Retiro o las castañas pilongas en el invierno y por supuesto el radiante solajero y su correspondiente calor veraniego. A veces recuerdo como era capaz de cruzar mi calle por donde no había semáforos y aquí soy incapaz de cruzar una calle tan ancha sin buscar uno. El ritmo de vida es diferente. Cuando me instalé había una cosa que me llamaba mucho la atención, el trato de los conductores con aquellos que cometían un error, en Madrid se les insultaba y poco más que se bajaban del coche a dar una torta y aquí pedías disculpas y te respondían “no pasa nada niño”, claro en esa época, ahora también aquí la gente va más estresada al volante y te devuelve cates e insultos cuando no lo esperas. También me chocaba que cuando llovía e ibas por la calle con tu paraguas, cosa que me pasó en más de una ocasión cuando iba a la facul, es que los coches siguen de largo, ya pueden ver como cae el diluvio universal ante ti que no paran para cederte el paso, aquí en cambio, te paran e incluso si  no llevas paraguas, te ofrecen el suyo. Recuerdo una vez que estaba en el colegio y me cogió una de esas lluvias que caen de golpe y me quedé como una tonta sin poder cruzar a la parada de la guagua y como un vecino de los edificios de enfrente bajó con su paraguas para ayudarme  a cruzar, incluso se ofreció a acercar su coche para que pudiera bordear el charco que se formó a mis pies. En Madrid, al contrario, además la gente se pertrecha en su paraguas y ni se fija por donde va, si te da, ni siquiera se para a pedir disculpas. Nadie dijo que fuéramos iguales por compartir un Gobierno Central, son las cosas de cada clima, el carácter de cada tierra. Hablando de este tema recuerdo una vez que le dije a Raúl, “mira he llegado a la conclusión de que las personas que vivimos serca del mar somos más abiertas, nuestro carácter es como la mar, con sus altibajos, nos influye sin que nos demos cuenta y además el hecho de que tengamos visitantes continuos e incluso consiudadanos de diferentes culturas como la hindú, la coreana, la china, la africana, la inglesa y alemana, por poner un ejemplo, hacen de nosotros personas más abiertas y tolerantes”. Sin embargo, nada tengo que objetar de todos los peninsulares que conocí, siempre he sido muy bien tratada y bien recibida en cualquier parte, de hecho los amigos que hice allá son eternos y algunos ya no habitan en Madrid, sino en sus también provincias natales.

Pero estaba hablando de Eva y me he despistado, con ella viví locas aventuras como invitar a casa a tomar un café al frutero y al charcutero del supermercado donde hacíamos normalmente la compra. ¡Qué atrevidas éramos!, pero al final nos ponían siempre un poco más en el peso o nos regalaban tomates y alguna fruta. Solo vinieron un par de veces, luego les cambiaron de super, con esa filosofía de rotarlos de uno a otro y en diferentes zonas de la ciudad, supongo que para evitar esas posibles relaciones que al final repercuten en las ventas, así que no volvimos a verles. Peor aventura fue conocer a un dúo de cantantes argentinos, a esos les tuvimos una buena temporada por casa. A mi me gustó uno de ellos, Pato, y a Eva un amigo suyo humorista, colega de cafés y conciertos en garitos por los que nosotras nos colábamos y además arrastrábamos a todos nuestros amigos. Pero no fueron más allá, las relaciones nunca dieron fruto, de hecho para mi ni siquiera es importante, sólo anecdótico. Lo cierto es que a veces nos metíamos en casa, edificio que puede verse en la foto, hasta altas horas de la madrugada, se nos unía un montón de amigos y los vecinos llegaron a llamarnos la atención. Eso ocurrió en nuestro tercer año de carrera, y como bien digo sólo queda en mi memoria como algo gracioso y pasajero, ahora pienso que éramos un poco tontas, porque se metieron en casa y venían a comer a cada momento, pero bueno nos divertíamos mucho oyéndoles cantar, nunca supimos de ellos, desaparecieron  por arte de magia un buen día y tan solo recibimos una llamada un año después quizá, pero no volvimos a vernos. Con ellos bien es cierto también que conocimos un poco esas miserias por las que han de pasar cantantes y artistas que empiezan a buscarse la vida, conocimos a otros colegas suyos, a chicos que hacían la mili de otras provincias y se hospedaban en las mismas pensiones que ellos, creo que un grupo de gente con el que nunca más he coincidido. Conservo aun cintas grabadas de esa época, y recuerdo que fue la fecha en la que se casó mi hermana Elena, que ya supera las bodas de plata. Quedan pues años atrás, historias que contar entre nosotras cuando a veces con un par de copas de nostalgia nos asimos a aquella década prodigiosa.
Y no estuvo a mi lado cuando me enamoré como una condenada de Alberto, y lo que es peor, cuando mi relación se rompió en tantos pedazos como mi propio corazón. Pero viajó a Madrid, volvimos  a pasar algunas horas juntas, horas de copas, confesiones y llantos y en esos mágicos momentos es cuando una comprende porqué la vida te pone delante a esos seres tan especiales, por qué te premia sin que lo sepas o lo valores, con pequeños duendes que hacen que tu vida mejore.
Vivimos bastante cerca, pero como con casi todos, nos conectamos a través de la red y gracias a ello sabemos algo la una de la otra. Tengo la esperanza de que una mañana quedemos para tomar un café. Ella representa el compañerismo, es la compañera perfecta para convivir, quizá le venga de su experiencia desde joven en los scout y esa vena deportiva donde la competitividad se hace nula entre los compañeros de un mismo equipo.

jueves, 17 de enero de 2013

Universidad


Aquel mi primer año en Madrid no me fue muy bien, en lo que a estudios se refiere, suspendí tres asignaturas para septiembre, eso sí, las otras tres las aprobé con notable. A lo largo de los años he comprendido que cuando uno llega a la universidad la falta de madurez hace que ni siquiera adquieras los conocimientos de la misma forma en que uno puede adquirirlos a los 30 años. La experiencia me ha demostrado que todo lo que me he propuesto estudiar después lo he sacado con el máximo rendimiento, no sólo reflejado en las notas, pero eso tardé también algunos años en descubrirlo.
Desde ese primer año mi hermana Jose, que estudiaba séptimo de EGB y que hoy es una gran abogada, se vino a pasar unos días conmigo a Madrid, cosa que no dejó de hacer en todos aquellos años… Ella y Cristina, su inseparable amiga del alma, otra hermana postiza que la vida nos fue dando, y que por supuesto tienen su capítulo en estas líneas.
En mi primer verano de regreso a casa trabajé en un suplemento deportivo que en esa época editaba Prensa Canaria, Canarias Deportiva, no aprobé ninguna de las tres asignaturas pendientes en septiembre, pero me animé a sacarlas junto al próximo curso. En septiembre cambiaron muchas cosas, lo primero fue quedarme sola, porque Eva, se marchó a vivir a otro apartamento con su hermano Daniel. Él vivía con nosotras, pero la verdad es que la convivencia era un poco complicada en ese apartamento tan pequeño y falto de intimidad, él tenía una novia con una hija y claro, cuando venía de Gran Canaria era demasiado y a mis padres no les gustó nada la idea. Mi relación con Daniel era muy buena, es enorme y la verdad es que una se sentía protegida por él que además trabajaba de seguritas. En cuanto a Eva, nunca dejamos de ser amigas, de hecho, Daniel se marchó a Las Palmas definitivamente y ella volvió de nuevo a compartir el piso conmigo.

 La verdad es que juntas vivimos una época tan maravillosa de nuestras vidas, pero la propia vida nos ha distanciado un poco, de hecho, la última vez que trabajé en un periódico, no digital,  lo hicimos juntas, en La Tribuna de Canarias, mi tercer gran fracaso en un diario que tiene que cerrar por motivos de mala gestión, el primero fue el diario El Sol en 1992 en Madrid, que editaba el grupo Anaya y que tras pasar todas las entrevistas y tener el 99% de posibilidades de pasar a formar parte de la plantilla, en dos días cerró y me quedé con las ganas. Más tarde y tras pasar un mes en La Gaceta de Las Palmas, ocurrió un tanto de lo mismo en el año 96. Pero bueno, a lo que iba, coincidí con Eva en La Tribuna hasta el cierre por regulación de empleo de la misma. Ella trabajaba en Deportes, su puesto ideal, siempre quiso ser periodista deportiva, cosa que me contagió a mi durante una temporada, hasta que me di cuenta que lo que en realidad me gustaba era Sociedad. Hubo un cambio en la dirección del periódico, cambio que había prometido acabar con la crisis, pero que empeoró la calidad del mismo y mermó la capacidad de trabajo de todos los compañeros que resistimos hasta su fin. Eva fue trasladada de Deportes a Región y de ahí a Sucesos. Nuestra relación me parecía algo fría y distante entre dos amigas que habían compartido tanto... Es verdad que luego la vida nos fue separando profesionalmente ... no sabría explicar exactamente qué falla, pero si podemos decir que mensajearnos por Navidad o nuestros cumpleaños es ser amigas, pues somos amigas.
Eva y yo estudiamos juntas COU, pero durante el curso apenas nos tratamos porque ella solo iba a dos  asignaturas, sin embargo cuando nos fuimos a examinar de selectividad y ambas nos enteramos que las dos queríamos ir a Madrid a estudiar periodismo, fue como providencial. Nunca quise ir a un Colegio Mayor, quería tener mi propia casa, además como mi padre viajaba un par de veces al año, a él le salía rentable.
Nuestros primeros días fueron muy divertidos, entre hacernos al barrio, aguantar a aquella locuela que se vino con nosotras y conocernos, pasamos el tiempo mientras comenzaba el curso que se retrasó hasta mediados de octubre o noviembre. Además estaba mi tía con nosotras y con ella fuimos a visitar a una vieja amiga de la familia, Chita. Chita se convirtió en una persona muy importante para mi, era y aun hoy sigue siendo como una madre en la distancia, porque ahora vive en Málaga y hace años que no la veo, pero sigue presente en mi vida. Una familia adorable, Pepe su marido era periodista, de hecho él ayudó a conseguirnos la plaza, porque entrar en periodismo era bastante complicado, máxime para los canarios, tenían seis hijos, dos varones, Rafa y Juanjo, y cuatro chicas, a la mayor solo la vi una vez pero con  Galia, Rocío y Carmen hicimos una bonita amistad. Cada vez que tenía problemillas sentimentales acudía a ver a Chita y nos sentábamos horas y horas frente a una gran bandeja de dulces y café. Muchos domingos comimos en su casa con toda la familia y Chita me regaló un anillo cuando me licencié que guardo con sumo cariño.
A Eva me unía una gran afición al baloncesto y recuerdo que juntas rememorábamos las Olimpiadas de ese año, donde nuestra selección española ganó la medalla de plata frente a EEUU, oíamos partidos por la radio y nos dedicábamos a anotar las puntuaciones de cada jugador y casi todos los domingos nos íbamos al pabellón del Real Madrid en la Castellana, donde jugaban hasta la creación años más tarde del de la Comunidad en la calle Jorge Juan o por ahí, cerca de Goya. Además nos dio por escribir cartas a los jugadores y algunos como López Iturriaga, Paco Velasco, Andrés Jiménez, Fernando y Antonio Martín nos respondieron. Fue una época realmente bonita, ingenua y hasta fuimos coordinadoras del seminario de Deportes en clase de Lengua y llevamos a Martín Tello, gran periodista entonces del diario “As”, a dar una charla con algunos más que no recuerdo, pero fue muy emocionante contar con él y además nos dio los teléfonos de Wayne Brabender y de López Iturriaga para hacerles una entrevista que teníamos que entregar en Redacción Periodística. Con Brabender si que concertamos e hicimos la entrevista, con López Iturriaga no tuvimos esa suerte, pero en el fondo casi me alegro, porque con Brabender me puse tan nerviosa... él jugaba en el entonces Collado Villalba con los hermanos José Luis y Toño Llorente, a quienes nos presentó cuando entraban en la guagua que los llevaba a entrenar. Recuerdo que quedamos en una cafetería en López  de Hoyos y puse la cinta al revés y no se grabó nada, teniendo que repetir la entrevista, por cierto tuvimos que entregar la cinta junto al trabajo en la facultad y nunca la recuperamos. López Iturriaga era mi ídolo, le escribí tropecientas miles de cartas, recuerdo que Eva y yo algunas mañanas en lugar de ir a clase nos íbamos al Retiro y escribíamos cartas. Raúl una vez empezó a escribir una canción sobre ese tema, tengo unas letras escritas por él en una agenda. Eso fue hace tiempo, en el 92, un día que fuimos a pasear a Aranjuez y que le había dado plantón a mi entonces novio, Alberto, con el que tuve una bronca descomunal como adelanto del fin que en poco precedió a nuestra relación.
Así fue como Eva y yo empezamos aquella aventura de la facultad, estábamos en la misma clase, aunque luego en segundo nos separaron y volvimos a unirnos en cuarto y quinto. Nuestra amistad se basó en confesiones personales, en vivencias que compartimos tan importantes como los amores perdidos, las ilusiones rotas, la recuperación posterior... vivimos juntas la enfermedad rápida y galopante de su padre que acabó con su vida en menos de dos meses, las bodas y nacimientos de nuestros sobrinos, la muerte de su hermano Marcos, solo habían transcurrido unos seis años, cuando escribí todo esto. Hemos estado separadas muchos años, la muerte de su padre aceleró su marcha de Madrid, y yo empecé una etapa nueva sin ella, pero que seguí compartiendo a través de las cartas y el teléfono y además fue en un par de ocasiones y salimos juntas con las amistades nuevas que yo hice y que compartimos... Una buena amiga aunque siempre creí que yo la apreciaba más que ella a mi, pero tampoco es muy justo decirlo, cada uno quiere a su manera y no todos los hacemos de la misma forma.

miércoles, 16 de enero de 2013

Álvaro


Es triste ahora acordarse de tanta gente que pasó por mi vida y que quizá nunca vuelva a ver. Sin embargo Álvaro sigue siendo mi duende, como yo le llamo, a él me unen lazos invisibles que superan todas las barreras. Álvaro es esa persona de la que estaría horas hablando o contando anécdotas. No terminó la carrera, pero la vida le sonríe, la empresa familiar y los bienes se han ido incrementando con los años y no tendrá jamás problemas económicos, vive como quiere, juega al golf, al mus, al ajedrez y al baloncesto siempre que puede, aunque el golf se ha convertido en el pasatiempo actual favorito, también toca el piano. 
Muchos le tildan de “pijo, de señorito”. Y qué si lo es. Todos somos en potencia lo que él es, aunque supongo que no del todo, porque tener dinero no te da la clase que él tiene, ni su estilo. Es una persona tierna, es la ternura de mi vida. Si a él tuviera que describirle sería con esa característica. Su cariño es tan fuerte, sus palabras, sus gestos, sus abrazos... es un osito amoroso al que quiero a rabiar. También se  casó unos días después que yo, el mismo mes y año y mientras él voló a Gran Canaria, yo hice lo propio, tras mi luna de miel por Europa con mi recién estrenado marido, a Madrid. Elisa era una chica fantástica, guapísima y tan inteligente como para saber llevárselo al huerto, porque muchas otras lo intentaron y no tuvieron esa suerte… pero aunque su inteligencia acechaba sobre su hombro para recordarle cuál era el rumbo de su vida cuando zozobraba… no pudo con él y terminaron divorciándose años más tarde. Fue un divorcio duro, como todos lo son, intenté mediar entre ellos cuando se separaron, pero ya había grietas tan profundas que era imposible sortearlas. A ella le perdí la pista, aunque Álvaro la ve alguna vez y me cuenta de ella.
De Álvaro podría contar que el día que cumplía 22 años me llevó una tarta de yema tostada y me dijo “es del color de tus ojos” , esa misma noche yo estaba algo depre, quizá la luna, sólo sé que necesitaba irme a casa por unos días y él estaba allí abrazándome a las tantas de la madrugada y me dijo “nunca estarás sola, siempre estaré contigo, solo tienes que asomarte a la ventana y donde quiera que estés, mira la estrella más brillante que ese seré yo pensando en ti”. Claro, con tantas atenciones mi corazón confundía los sentimientos, y mucho tiempo duró la confusión, hasta que comprendí que éramos tan amigos, que jamás funcionaríamos como pareja. Recuerdo otra vez que tampoco andaba muy bien de ánimos y me dijo “yo siempre estoy a tu lado, si de repente sientes un ruidito así como pspspspsps, a tu alrededor, no te asustes, que soy yo”. ¡Cómo iba a asustarme, su presencia siempre ha sido motivo de alegría para mí! Álvaro representa pues, como he dicho, la ternura en mi vida. Es tan educado, tan caballeroso y tan pendiente siempre de los demás... Bien es cierto que le encanta llamar la atención, ser el centro de todas las reuniones, pero también que podemos comunicarnos con la mirada por encima de la gente. A veces incluso ahora que estamos lejos, presiento cuando está mal, cuando me necesita. En dos ocasiones presentí dos accidentes suyos, nada de importancia, pero yo presentía que algo malo le estaba sucediendo.
También he llorado en su hombro y le he prestado el mío cuando lo ha necesitado. Recuerdo una vez que pasaba por duros momentos y yo ya había regresado a Las Palmas y se empeñó en que fuera a Madrid, coincidió con el mes de mayo, con lo que me dijo que él me regalaba el billete de avión por mi cumpleaños porque me necesitaba. No lo pensé, y aun hoy en día con el grado de responsabilidad tan grande que tengo con mi marido y mi hijo, si él me pidiese que volara a Madrid, lo haría sin falta. Álvaro representa ese pedazo de corazón que todos necesitamos para vivir, siempre se lo he dicho, que nuestros sentimientos son tan puros, que jamás nadie podrá entenderlos, porque van más allá de la amistad, pero no en el sentido amoroso, sino el afectivo, forma parte de la persona que soy, porque sin él estaría incompleta.

Recuerdo una vez que organizó una fiesta en su casa de Colmenar Viejo, quiso hacerla a escondidas de sus padres, pero éstos se enteraron y se personaron allí. La cosa fue de mal en peor, recuerdo gente por todas partes, el jardín lleno de colillas, vasos, y un montón de gente, recuerdo que el tonteaba con varias chicas y todas venían a pedirme confidencias, que si me hablaba de ellas, que si las quería, que si no sé qué... Siempre les decía que yo no podía contar nada de lo que él me contase, que tenían que entenderlo. Realmente me acosaban, me acribillaban a preguntas. A veces él se marcaba algún farol con las chicas y menos mal que con la mirada le entendía y jamás le desmentí sus mentirijillas, bien al contrario, las potenciaba, conociendo su forma de ligar y presumir. Supongo que es algo que todos hacemos, tratamos de impresionar a las personas que nos gustan, pero nada iba más allá. Muchas chicas conocí locas por él, pero sé que Elisa fue quien más le hizo sufrir y a quien más amó, a pesar de esa naturaleza innata de lucir como una luciérnaga entre el sexo femenino.

Su padre falleció hace unos años, siempre les quise a los dos con locura, él tan educado como su hijo, y su madre tan cariñosa, por eso no me extraña que sea como es. También mis padres le quieren mucho, se que el día de mi boda hizo llorar a mi padre hablándole de mi. No sólo viajó a  Gran Canaria, cuando a él le quedaban 21 días para la suya, sino que se vino a casa a comer y estuvo allí casi hasta el momento de salir hacía la Iglesia. Por su puesto que Camilo y yo fuimos a la suya, regresamos de nuestro viaje de novios y a los dos días volamos a Madrid para estar con él. Nada ha cambiado entre nosotros. Recuerdo que  le dije a sus padres que si tenía un hijo llevaría  su nombre, y he cumplido.
Hace un tiempo, cuando empecé a escribir  todo esto me olvidaba del mundo que me rodeaba, mi hijo que era más pequeño, veía películas de vídeo a mi lado y de vez en cuando me hacía levantar los dedos del ordenador exigiéndome atención “mamá que te he dicho que me des una mansana y un actimel, que tengo hambre y quiero merendar”. Así que tenía que alejarme momentáneamente de mi fuente de recuerdos y regresar a mi  posición de madre, ja, ja,ja...

De entre los recuerdos rescato que cuando se realizó el último sorteo que el ejército hizo con motivo de los reemplazos de soldados que harían la mili fuera de sus casas, de entre uno de esos pocos soldados que fueron destinados fuera, se encontraba Álvaro. Le tocó hacer la mili en Aire, y nada menos y nada más que en la base aérea de Gando, en Gran Canaria, en mi tierra. Cosas del destino, pero él sabía que allí tenía una familia, una casa. En alguno de mis viajes coincidí con él y recuerdo ir a visitarle al Hospital Militar, que ya no existe. Fui a despedirme un día que regresaba a Madrid, y lo hice con mi amigo Juanjo. Mi hermana Jose y su inseparable amiga Cristina iban a verlo los fines de semana y me consta que le llevaban galletas yayitas. Al poco se libró y regresó a Madrid, aunque le parecieron los peores días de su vida, no puede quejarse, porque los llevó bien y hasta conoció a mi sobrina Sonia antes que yo, puesto que nació en el mes de abril y yo estaba en mitad de curso.
De Álvaro conservo el recuerdo de sus besos en la frente a la hora de la despedida, claro, es muy alto  para mí, mide uno ochenta y tres o algo así, que al lado de mi uno cincuenta y siete y medio...
Álvaro era un aventurero en esto de ganar dinero, siempre estaba trabajando de relaciones en algún pub o discoteca de moda, recuerdo seguirle a Vasarely en Juan Bravo, a Tabas, a El Club de golf, o a But en la calle Barceló, pero lo que más recuerdo fue su aventura de montar una terraza el verano que Víctor Manuel y Ana Belén popularizaron la canción de la Puerta de Alcalá, esa que casi se ha convertido en himno y que me pone los pelos de punta al oírla. Su chiringuito, que montó junto a un par de chicos más, se situó en uno de los márgenes de la mismísima puerta y se llamó sin lugar a dudas, Miralá. Creo que aquella aventura a penas le dejó para cubrir gastos, pero la experiencia le sirvió para comprender lo difícil que es tener socios y que cada uno tenga sus propias ideas. Como soy de las que piensan que las experiencias enseñan, supongo que algo aprendió, y nosotros nos lo pasamos muy bien cada vez que íbamos, además Pedro trabajó con él poniendo copas. Mi amigo Pedro, de él también hablaré, eso por descontado, pero no quiero mezclar los sentimientos que me unen a uno u otro, porque como ya he dicho, Álvaro representa la ternura en mi vida, el corazón, el motor de los sentimientos y todo lo que diga de él me acercaría más a la confusión que al esclarecimiento de lo que ambos sentimos, porque si algo tengo claro, es que si Álvaro tiene un problema en este mundo sabe dónde acudir a buscar ayuda, porque siempre estaremos ahí el uno para el otro, compartiendo como tantas otras veces lo bueno y lo malo hasta que la muerte nos separe y aun así, será tan difícil que la maldita muerte rompa lo que hay, porque lo que hay, hay.

domingo, 13 de enero de 2013

Primeros meses

Regresando a mis memorias de aquel año 1984, cuando Eva, la chica con la que compartí piso, amigos, carrera y un sin fin de anécdotas y yo, estábamos una noche asomadas a la ventana, a aquella ventana por la que pasaban miles de coches a diario y por las noches con frecuencia transporte pesado que sólo se permite circular de noche y que va acompañado por la policía local (que por cierto la primera vez que lo vi me dio un susto tremendo, en mi tierra nunca había visto camiones tan grandes), pues una noche a mediados de diciembre, esperábamos a mi padre que viajaba a Madrid para un Congreso, y vimos a un chico muy mono debajo de nuestra ventana. Éramos dos crías y nos pusimos a tirarle piropos y escondernos. Estaba despidiéndose de alguien en un coche y nosotras seguimos diciéndole cosas, hasta que una de las veces Eva, me empujó y no me dejó esconderme, así que me vio perfectamente y me saludó con la mano mientras cruzaba la calle y subía por Martínez Izquierdo. Aún reíamos cuando llegó mi padre. 
A la mañana siguiente, que era sábado, bajé a comprar el periódico y cuando entré en el portal me encontré al portero hablando con un chico, al que desde luego no reconocí, pero el portero me sacó de dudas “¿No conoces a este muchacho? Era tu novio de anoche”. Sentí tal vergüenza en ese momento que no podría describirlo, pero él se mostró muy simpático, se presentó y me aseguró que era el chico al que decíamos piropos por la noche. Me contó que su padre vivía en el quinto piso y que realmente miró pensando que fuera él el que le estuviera llamando cuando se encontró con nuestras bromas. 

A partir de ahí Quique, empezó a ser uno de nuestro más asiduos amigos en el apartamento. Hoy en día nadie sabe nada de él, le perdimos la pista, pero tampoco es una persona que me importe mucho, se convirtió en uno de esos seres que se aprovechan de los amigos, un vampiro que cree que pedir favores siempre tiene que dar resultados, pero claro, eso lo aprendí con el tiempo. Era diciembre y nosotras dos regresaríamos a casa por Navidad, no le veríamos hasta la noche antes de irnos que apareció en nuestro apartamento para pedirnos, cómo no, un favor. Nos pidió una la llave del portal, porque no tenía, pero sí de casa de su padre y quería traer una amiga o hacer una fiesta o algo así sin que él se enterara, ya no nos daba tiempo para que hiciera una copia y nos la devolviera, así que como teníamos dos le emplazamos para que el día 9 de enero que regresábamos a Madrid, nos la devolviera. Así fue, y como nosotras éramos unas forofas del baloncesto, sobre todo del Real Madrid, y aun no teníamos tele, nos invitó a ver el partido que daban al día siguiente (Madrid - TSSK de Moscú). Yo no sé cómo estaría Eva, pero yo estaba muy nerviosa, un chico supereducado, atento, guapo y encima tan solícito. 

Al día siguiente nos encontramos en casa de su padre para ver el partido. Cuando llevábamos un tiempo dijo “creo que voy a llamar a un amigo mío que vive aquí al lado, dos son mucho para mí”. Cuando marcó el teléfono nunca olvidaré que dijo “Alvarito, cójete el culito”. Lo demás no lo escuché, porque mi corazón dio un vuelco, el nombre de Álvaro siempre fue mi favorito (mi hijo se llama así, por ello y en honor de ese Álvaro que conocí ese 10 de enero de 1985), conocer por fin a un Álvaro de mi edad me emocionaba (en canarias no es un nombre habitual, aunque en los últimos años se ha potenciado bastante). Al principio no me cayó del todo bien, y eso es algo que le caracteriza, no entra a la primera. A lo largo de los meses siguientes nos hicimos inseparables. Quique estudiaba Derecho en un centro privado, el Cisneros, Álvaro en cambio estudiaba Farmacia en la Complutense, prácticamente frente a la nuestra de Periodismo. Pasamos veladas muy divertidas, Álvaro intentó enseñarnos a jugar al Mus, pero no había manera. Eva y yo nos dedicábamos a escribirles cartas realizadas con recortes de prensa, cartas muy divertidas y picaronas que luego leíamos juntos. A Eva le gustaba Quique, a mi me gustó Álvaro, pero él tenía novia y eso levantó una barrera de respeto, amistad y confianza entre nosotros. Salíamos de marcha a discotecas por las noches, a pasar noches enteras de juerga y ver amanecer en aquél Madrid de los 80 que sonaba la música de la década, Alaska y sus mil campanas que suenan en el corazón, en el mío suenan ahora que rememoro esos años cuando gritábamos aquello de tu ni nadie, nadie puede cambiarme... pero la vida nos cambió. Bien es cierto que digo que a Quique le perdimos la pista, era un chico muy, pero que muy complicado, debía tener problemas sexuales o algo así, porque se creía que todas caeríamos rendidas a sus pies y realmente nos acosaba. Recuerdo que tuve con él una anécdota bastante desagradable, pero no la voy a contar, se que fue el principio del fin de una amistad que nunca tuvo una base sólida, ser hijo de padres separados era algo muy complicado para él, sentía una enfermiza responsabilidad con su madre que ninguno de nosotros comprendíamos, tuvo una novia que lo quiso mucho, bueno yo le conocí dos, Macris y Begoña, de esta última nunca supe más, a Macris la vi algún tiempo, pero luego se casó y también le perdí la pista.

viernes, 11 de enero de 2013

Octubre del 84


Viajamos de noche a Madrid, un 4 de octubre de 1984, y la primera persona que apareció al día siguiente, fue Raúl. Raúl es uno de los hijos de unos amigos de mis padres, de esos amigos de toda la vida, y que en algunos momentos han sido más familia que nuestras propias familias. Es un poco mayor que yo, apenas llega a un año, pero  siempre nos unieron gustos por la escritura, el periodismo, el arte... más tarde nuestras ideas políticas también convergieron, aunque eso sí, cada un o en su propio estilo. Raúl llevaba varios años en Madrid, nos escribíamos y sabíamos siempre el uno del otro, pero ahora, en aquel apartamento vivimos horas inolvidables, casi inenarrables. Estudiaba magisterio y era hermano de la Salle, pero jamás le vi como el fraile que nunca fue, porque cuando cursaba segundo curso, decidió pedir un año sabático y regresó a estudiar tercero a Las Palmas, mientras se pensaba si continuar o no en la congregación religiosa. Siempre intuí que la abandonaría, siempre supe que aquello reducía su mundo, él tenía que volar en solitario, descubrir otros caminos, y así fue. Tras dar clases en una Universidad norteamericana en Washington, tener plaza como ayudante en la Universidad de Salamanca, trabaja actualmente como profesor titular da Antropología en la Uned. Pero en aquel entonces, como contaba, regresó a Madrid tras su año sabático, comenzó a dar clases de Humanidades en un colegio privado, y mientras se decidió a comenzar sus estudios de Filosofía para doctorarse posteriormente en Antropología, única forma que existía en esos años para llegar a ello. Del colegio saltó a dar clases en un Centro de Formación Profesional en Valdemoro, donde estuvo varios años mientras terminaba la carrera y planteaba su doctorado. Bueno más o menos fue así, supongo que me quedan lapsus en su currículo, pero lo que sé es que vivimos juntos muchos de aquellos años. Le ayudé a buscar un piso de alquiler cuando abandonó el convento, y lo conseguimos en mi mismo edificio, en un segundo piso.
De nuestras charlas nocturnas frente a sendos vasos de güisqui, café y decenas de cigarros (él Coronas, yo, Camel) recuerdo las anécdotas de sus veranos como misionero en Guinea Ecuatorial, iba cargado y regresaba con lo puesto y su eterna guitarra, guitarra que tantas tardes y noches amenizó nuestras veladas con amigos. En su segundo viaje se contagió de malaria, estuvo ingresado en un hospital de Madrid y no avisó a nadie hasta que superó las altas fiebres y le dieron el alta, aunque luego tardó en recuperarse de problemas hepáticos derivados de la medicación. Siempre me dijo que a pesar de la enfermedad, sus recuerdos son muy buenos “aprendí cosas muy importantes Mayte,  fue una experiensia positiva, a pesar de estar muy enfermo, no era consiente de la gravedad, no tuve miedo a morir”. Recuerdo también durante aquellas horas como yo escuchaba con tanta pasión como la que él usaba para narrar, para contarme “jamás verás una luna tan grande, ni tan bonita como la que se ve en África”. Raúl, que además es un gran compositor de letras, tiene varias canciones que hablan de África, ahora me viene el sonido de una que emulaba a la escritora Isac Denisen en Memorias de África, decía algo así “Se de una cansión que habla de África, pero sabrá África alguna cansión que hable de mi”, también recuerdo una que trataba de una niña que no quería ir a la escuela porque quería hacer un papel en una obra de teatro y no la escogieron. No puedo olvidar las canciones de amor, o la que dedicó a esas madres de la Guerra Civil española, como él denomina “las madres de rosquete y luto”. Raúl siempre ha estado a mi lado en esos años, y siempre nos hemos hecho confesiones muy personales. No puedo olvidar a Pepe, del que también hablaré más tarde y que también es el hijo de unos amigos de mis padres y común a los de Raúl, son esos amigos que tengo desde la infancia, nos conocemos hace la friolera ya de cuarenta años, fuimos vecinos algunos años cuando éramos niños, pero la amistad ha perdurado a través de la distancia, el tiempo y las circunstancias.
Cuando Raúl se vino a vivir a mi edificio de la Calle Francisco Silvela, yo compartía piso temporalmente con una chica Suiza, Claudia, de la que también hablaré. El caso es que él necesitaba buscar a alguien para compartir piso, y dimos mi teléfono de contacto y yo daba citas para visitarlo. En una de esas llamadas apareció Alexandro, un chico italiano, que estaba locamente enamorado de una madrileña llamada Susana, con la que hoy está casado y tiene tres hijos, al menos mientras escribo. Alexandro y Raúl no sólo congeniaron, sino que a ambos nos abrieron una nueva puerta hacia la amistad, hacia un nuevo grupo de personas con las que compartir una nueva etapa en nuestras vidas. De esa pandilla conservo como oro en paño a Vega y a Nieves, sin olvidar a Alex y Susana, a las hermanas de esta, Silvia y Sara, al novio de Silvia, Carlos (hoy su marido), a Óscar (Cosqui para mi, y uno de los hombres con los que pude haber compartido mi vida, pero que tampoco fue), su hermano Javier, otro Carlos, Mónica, Natalia la chica, su marido Chema, Roberto, Marta, Miguel... pero ese grupo de amigos apareció en mi vida a principios de los 90, y hasta entonces hay mucho que contar.
Se que con Raúl he vivido ocasiones que contar se me harían eternas, pero recuerdo una vez que fuimos a un pueblecito de Toledo, donde se casaba una prima suya y él era el padrino, vivimos horas intensas, en una tarde gris oscura, bien diferente a las nuestras en los días de caluroso verano en Las Palmas. Horas de charla, tabaco y alcohol, profundas reflexiones que siempre salían de nuestros corazones y que a veces nos hacían llorar. En esa ocasión yo había roto con Alberto, un hombre que marcó mucho mi vida y por el que seguía sintiendo rabia, dolor, impotencia y un algo de amor, así que asistir a una boda no era lo que más deseaba en ese momento, además nunca me han gustado realmente las bodas, pero eso es harina de otro costal. Lo que si quiero dejar claro es que Raúl ha representado y representa en mi vida la reflexión, la filosofía perdida, las vueltas de las cosas, él es pura pasión, otra cosa que ha aportado a mi personalidad y que permanecerá siempre en mi interior, porque él te habla de las cosas con pasión, hace las cosas por pasión y por pasión pierde a veces el norte que su razón le hace recuperar. Por tanto tengo de este amigo esas dos cosas, pasión y reflexión. En algún lugar leí una vez que los amigos que uno tiene no son por casualidad, que son tus amigos porque en el fondo algo se parecen a ti, y así es como me explico tener amigos tan diferentes, cada uno posee algo de lo que a veces flaqueo o me ofrece todo aquello de lo que carezco.
Recuerdo salidas nocturnas por el Madrid de los 90, en el panda de Raúl, ¡Menudas locuras!, luego terminar en mi casa o en la suya de la calle Montesa, donde se mudó un tiempo después con los hermanos Víctor y Fran, dos grancanarios que también compartieron algunos años de nuestras vidas. Allí Raúl y Víctor sacaban la guitarra y nos poníamos a cantar y seguíamos tomando copas hasta el amanecer...
Raúl siguió su camino, terminó su doctorado Cum Laude, se fue a Washington siguiendo su instinto y allí ha vivido otras aventuras vitales que cuando me cuenta me traslada a su mundo por la pasión que pone en ello. Hemos estado unos años algo perdidos, pero es normal, yo paré, hice el nido definitivo y él ha seguido volando en busca de su nido ideal, pero nos encontramos y nos volvemos a poner al día de esos momentos lejanos. Me viene también a la mente paseos por El Retiro, leyendo bajo los árboles y aprovechando los primeros rayos de sol de mayo, debo tener alguna foto en mi caja de recuerdos, lo importante de nuestras vidas, de nuestra amistad es saber que siempre queda algo por venir, siempre quedará algo nuevo que compartir... ahora con casi todos nos enredamos a través de internet y así se nos hace más corta la espera.
A lo largo de casi todos aquellos años Raúl estaba siempre cerca, fuimos juntos a alguna manifestación, al cine, a comer o cenar sin motivos que celebrar, a cafés emblemáticos por el hecho de estar allí... a la Feria del Libro, de compras, nos apuntamos juntos al carné de conducir y él lo sacó, yo sigo sin tenerlo. Le lloré cuando perdí a los hombres que creía a amar, me animó a dar pasos que sola no habría dado. Ahí está forjando aun su futuro y allí estuvo forjando el mío y ahí estará, está.