martes, 4 de octubre de 2016

Las llaves



Llegó cansada del trabajo con ganas de quitarse la ropa, ducharse y tumbarse en el sofá y cenar frente al televisor como cada día. Los niños hace tiempo que se fueron de casa y estaba acostumbrada a esa soledad. Se separó hacía 15 años y más de 20 que su corazón no latía así. 

Se descalzó, se quitó la camisa y dejó caer los pantalones sobre sus pies algo hinchados. Fue entonces cuando el pequeño ruido metálico la sobresaltó...


Recogió las llaves y volvió medio desnuda sobre sus pasos a buscar la nota del bolso: "son las llaves de la casa de mis padres, ya sabes donde, regreso el martes a las 19.30, espérame"

Otra vez el corazón empezó a latir tan fuerte... se disparó como esa mañana al toparse con su mirada en la guagua. Llevaban muchos años sin verse. Él se casó con una chica madrileña y se fue a vivir allá. Sabía por amigos comunes que regresaron a la isla seis años atrás, pero no habían coincidido.

Se estrujaba el cerebro pensando por qué había hecho eso, por qué le dio las llaves y esa nota arrugada en un trozo de servilleta azul... ¡Delante de su mujer, en sus narices!

Se tumbó sobre la cama tras la ducha, con esa sonrisa adolescente pegada a la cara, las dudas, las ganas...repasó mil veces el encuentro... como se saludaron, todo lo que hablaron... le explicó que iban al aeropuerto, su hija, la única que tenía iba a ser madre y los echaba de menos en Madrid. Querían estar con ella en el momento del parto. Él sólo estaría un par de días hasta ver a su nieto. Hablando de sus vidas, mientras la mujer parecía fría, indiferente a la conversación...

De repente se dio cuenta que se pasó de paradas, no bajó en la suya y siguió rumbo al aeropuerto. Al darse cuenta y alarmarse se despidió a la carrera, sin intercambiarse teléfonos, sin nada, y fue cuando corría escaleras abajo de la guagua cuando él le dio la nota que envolvía las llaves... era jueves, su corazón se salía del pecho y en su cabeza se oía: “martes, martes, martes a las siete y media"... abrazada al trozo de papel, de repente le vino a la memoria... no llevaba alianza, ninguno la llevaba y ambos lucían la marca de quien la llevó muchos años... de repente, de repente...

2 comentarios:

  1. Qué intriga por favor!!! Continuará, era su mujer o no era su mujer la "fría"...jajaja ya me dirás.

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