domingo, 20 de agosto de 2017

No, no, no

No necesito que vengas porque siempre estás aquí.
No tengo que atarte para que permanezcas.
No es preciso poseerte porque ya te tengo.
No tengo que pensarte, cuando ya te pienso.
No debo odiarte, cuando sé que estoy por encima de eso.
No me dueles, porque sanas mis delirios.
No tienes que regresar de donde nunca te has ido.
No me importa tu silencio cuando me habla tu corazón.
No duermo a la intemperie cuando tengo hueco al otro lado del colchón.
No hay llovizna que valga, ni aguacero que me moje... ya te tengo de paraguas y me crecen crisantemos.
No me pidas que te ame cuando ya no hay más fronteras que mis espacios.
No me ocultes tus secretos, que sé leer tus pensamientos.
No me arranques la esperanza, si sé que en tus ojos, me veo.


La flor

Hoy recordó una amiga esta frase de William Blake: "Crear una flor es labor de siglos. "
A esto yo respondí que es cierto, pero que sólo basta un segundo para pisarla y arrastrarla en la planta de los pies para toda la vida.

Conversación

Hablaba con una amiga y dice que a veces quiere dejar de amar. Le digo que para mí, no amar, es como estar muerta, o muerto... y yo me agarro a la vida, amando aunque no quiera, aunque sea una exiliada en algún corazón. Porque aún desde el exilio se siente añoranza y amor... amar o no amar... no es una opción.

viernes, 18 de agosto de 2017

Con los zapatos puestos

Tenía 10 años... le habían regalado hacía muy poco el escalectrix con el que soñaba... No era fácil tener uno en esos tiempos a casi una década de la Guerra Civil. Sus gafas rotas en la mochila junto al bocadillo de atún, la escuadra y el cartabón. Dicen que andaba siempre en las nubes, soñando que algún día sería arquitecto y construiría museos, bibliotecas... haría maravillas en la playa. Acababan de estudiar Mesopotamia en la escuela y estaba lleno de ideas. Risueño, despistado a más no poder. En esa época no había mucho tráfico... más de 60 años han pasado ya. Yo no lo conocí pero siempre oí contar que era tan despistado que a veces llegaba a su casa descalzo porque había olvidado zapatos y calcetines en la playa e iba corriendo entre las risas de sus hermanos mayores que le apremiaban antes de que se enterara su madre. Ella siempre se enteraba, le decía que fuera directo del colegio a casa. Pero era mucha tentación a su edad no bajar a la playa a jugar al clavo o perseguir burras entre los lisos. Ese día los amigos lo retaron a subirse al camión... él y sus despistes, no se dio cuenta que daba marcha atrás y no tuvo tiempo de saltar cuando se vio atrapado contra la pared. Ese día llevaba los zapatos puestos.©

jueves, 17 de agosto de 2017

En tierra de Nadie

En tierra de nadie jugaban las nubes exhaustas al caer la tarde. En tierra de nadie, llovían colores rodeando el valle:
El azul, el verde, el rosa... como en un cuento de hadas. 
Manuel M. Almeida, derechos reservados.

Y no había nadie. Nadie escuchó sus lamentos, nadie supo jamás que venció a vientos, tormentas, polvo, aguas torrenciales. Venció al picudo rojo y otras variedades. Pero nadie supo que la palmera altiva, murió de soledades...©

Para el club literario: Con los espacios de Manuel Almeida.