martes, 27 de junio de 2017

Alivio


Ella iba en la guagua hablando sola... lloraba y el mundo miraba su pantalla de móvil o por la ventana. Le pregunté si estaba bien y entonces me soltó su historia a bocajarro: "me ha dejado, después de darle hasta mi alma me ha dejado". "Lo siento" espeté, " a todas nos ha pasado alguna vez", traté también de mirar mi pantalla, triste, cabizbaja, recordando cuando apenas unos días atrás, era yo la que lloraba tras las gafas de sol. Mis pensamientos me alejaron de ella, pero a la vez me transformé en ella. Alguien me miró e hizo señas con el dedo sobre las sienes, esa señal universal que entendemos. Seguí metida en mi interior, pensaba en mí, quizás también estaba loca, quizás también agonicé así, quizás también alguien hizo esa señal a otra persona cerca de mí sin percatarme... quizás también hablé sola, porque el dolor nos iguala, nos persigue, nos consume... y entonces por primera vez en semanas sentí alivio. "Ya se te pasará", recordé. Frías, duras, apáticas palabras de un mentiroso compulsivo y reí, reí por dentro sabiendo que era a él al que no se le pasaría.

lunes, 26 de junio de 2017

Masáis



Yo solo quiero apoyar mi cabeza en tu pecho…
Foto de Ana Aguiar, derechos reservados.

Nada importa si mañana no existimos, si mañana la muerte viene a visitarte y me arrebata tu cariño. Esos masáis que me regalaste, testigos mudos de nuestro amor. Significado nulo para el mundo pero para nosotros, amuleto que recobra el significado de los guerreros que somos.

Yo solo quiero apoyar mi cabeza en tu pecho…

Nadie podrá entender que sienta lo que siento, que quiera escuchar esos latidos que a veces presiento se quedarán mudos, me dejarán viuda para siempre. Ni tú mismo atiendes a razones cuando lo único que quiero es sentarme a tu lado, escuchar esas melodías que nos acompañan, leer los poemas y relatos que nos deje ver la luz del día. Porque la luz se apaga y ya nada podré hacer.

Yo solo quiero apoyar mi cabeza en tu pecho una vez más, aunque solo sea esta vez, déjate de liturgias baratas, de intentar convencerte, que hay soledades ingratas, hay soledades calladas que arremeten sin querer. Hay soledades difuntas que se ven venir, hay soledades distintas, poliédricas, que reflejan la ira hacia el pasado que no fue, que niegan el porvenir.

Yo solo quiero, solo quiero apoyar mi cabeza en tu pecho y oírte latir.

Aquel verano del bachiller

Quizás no lo entendí muy bien… aquel verano era mi verano, o eso había decidido. Terminé bachiller en junio, con relativas buenas notas, mi media de notable me parecía entonces suficiente, aunque con los años me volví exigente. Me propuse leer un libro diario para contradecir al psicólogo que nos hizo un test en el Instituto para recomendarnos nuestro itinerario formativo. Me dijo que leía demasiado, que no era bueno a mi edad… Entonces me reí y hoy siento impotencia por no poder leer más de lo que quiero. “Nunca es demasiado”, me dije. Me rodee de Machado, Kafka, Unamuno, Cortázar, Borges, Sabato y hasta de Ágata Christie… puede que algunos más. Además iba a la biblioteca, cuando estaba en El Obelisco, a ayudar a Fernando con el latín, no se le daba bien y yo lo apreciaba de verdad. Fernando aprobó la asignatura que poco le sirvió cuando al verano siguiente, recién estrenado su carnet de conducir, dejó la vida en la autopista hacia el sur. Pero esa es otra historia. Mi historia se remonta a aquel verano de días de playa y lectura en soledad.
Óscar Domínguez, Aparición sobre el mar con la niña gorrión

Uno de esos días andaba medio distraída y mirando al mar ensimismada y aislada del ruido, las risas, los gritos… me pareció ver algo que surgía detrás de ´La Galleta`, una especie de nariz gigante. Quizás la lectura de Kafka, o de Sabato, y su relación con Bretón y Domínguez, exponentes de la pintura surrealista, influyó en aquella mastodóntica visión de nariz pegada a una estructura metálica que parecía zarandear toda la playa. Me mareé, giraba sobre sí misma y se desataba de hilos plateados, la rodeaban peces metálicos y hasta me pareció ver una mano salir entre tanto metal. Hube de abrir varias veces los ojos para cerciorarme que era una visión, que no era real aquello que salía de mi orilla. Y claro que era una visión, tonta de mí… era una pareja que salía de hacer submarinismo. Me eché a reír y por un momento le di la razón al psicólogo aquel, tal vez leía demasiado, tal vez debía plantearme estudiar FP como me recomendó a pesar de decirme que podría estudiar la carrera que quisiera… naaaa… me quité la idea enseguida. Esa imagen quizás era mi propia imaginación liberándose de la carga que suponía entrar en una nueva etapa de mi vida, un nuevo centro, nuevas amistades… ' Aparición sobre el mar y la niña gorrión'. ¡Ay la que cayó después!, eso sí, eso sí que era para escribir una novela surrealista al mejor estilo de las obras Óscar Domínguez, quien según afirman en algunas de sus biografías “fue internado en un sanatorio psiquiátrico en tres ocasiones, por causa de la bebida”.

jueves, 22 de junio de 2017

Le viene a la memoria leyéndome



En el libro Mayte, nos cuenta, en el relato del Irremediable: "Ese imparable, irremediable y legítimo deseo que nos invade, solo tiene remedio y es haciéndole caso. Deja que mis susurros te acompañen…“

Evidentemente el relato continua pero me detengo aquí porque es IRREMEDIABLE acercarse a la Feria del Libro, Parque San Telmo de Las Palmas, y dejar que el libro de Mayte Martín nos susurre. Nos invada y conquiste nuestros sentidos. Les dejo un comentario que ya hice sobre el libro allá por diciembre del 2016. ¡Nos vemos Mayte!


Leyendo las “Reflexiones” de Mayte Martin, me viene a la memoria Doris Lessing cuando dijo: La guerra y la memoria no acaban nunca” Mayte Martin escribe con pluma dorada y con un corazón inmenso, sin la rabia de Lessing, pero con el mismo coraje. Juan Rulfo, decía que no podía escribir sobre lo que veía. Seguramente era duro. Y duro es la España actual, con la misma diferencia de clases que entonces, y con voces que se alzan como la de Mayte. Ella, pone voz a los afónicos, esperanza a las miserias, alegrías en las tristezas. “Reflexiones en Blanco y Negro” son de ese calado humano vistos con el enfoque periodístico. No sé en qué orden tiene Mayte la literatura y el periodismo, pero estoy segura que los lleva de la mano. Leerla produce sensación de que lo que dice es lo que una quisiera decir, sin encontrar las palabras que con ella se alian. Esas palabras de aliento para seguir caminando en esta jungla de la vida. No, Mayte Martin no estaría de acuerdo con Rulfo, ella sí escribe lo que ve y lo que siente. Un poco de luz y no más sangre, decía María Zambrano, y leyendo a Mayte pienso que diría: ”Un poco de luz y no más desahucios.” Anabel Villoria .

miércoles, 21 de junio de 2017

Libertad

Anna Moskalkova, derechos reservados.




Es tan libre el pensamiento humano, los deseos, los sueños, las ilusiones... los sentimientos nos pertenecen, nadie tiene la potestad o la capacidad para arrebatarnos lo que sentimos, lo que somos. Cada persona es un mundo, y lo que tengo claro es que las opiniones son tan libres como cada quien quiera pensar, expresar, sentir... pero no te equivoques conmigo, no emitas juicios de valor cuando apenas me conoces. Una es tan libre como tú, siente, piensa, desea, sueña, ama, entrega, vive... pero no te atrevas a medirme. Si quieres hacerlo, hazlo por mis hechos, por mis circunstancias, mis logros, mis fracasos, mis intentos, mi camino... pero no por lo que creas ver en mí, porque casi siempre, casi siempre te equivocarás si no me conoces. 

Debes conocer mi orden del mundo, mis prioridades, mis elementos indispensables. Puedo ser encantadora y cabrona a la vez... puedo ser coqueta y hacerte creer que me interesas en una abrir y cerrar de pestañas, pero no te fíes de mis gestos, cree en mi palabra. No presumo de intelecto, ni puedes jamás saber cuánto sé o no sé. El conocimiento se adquiere, la bondad, el cariño, la humanidad que desprenda cada cual, eso se tiene o no se tiene. Las palabras son tan importantes para mí, que ten por seguro que jamás las pronuncio o escribo, si no son verdad no voy a sostenerlas. Puedo equivocarme y corregir, pero todo aquello que diga en un momento o contexto determinado. Aquello que escriba para ti o por ti… créetelo, mis palabras no saben mentir.©