jueves, 16 de agosto de 2018

Candado

Ame Reyes, derechos resrvados.
Ella se negaba a cerrar la puerta para siempre. Puso candado, es verdad. Eso indicaba el valor que daba a lo que dejó en su interior. Guardó celosamente la llave. Imploró a los cielos, a los dioses cristianos, paganos, budistas... rogó porque algún día aunque se oxidase el recuerdo tanto como la llave, aunque el sol desgastase el color y astillase la madera... rogó, rogó y rogó por oír unos nudillos conocidos. Un sonido que tantas veces oyó en su corazón. Las campanas doblando en la memoria, doblando, y no para anunciar precisamente el fin.

Texto que pertenece a  El Universo Mágico de Ame Reyes.

viernes, 3 de agosto de 2018

Se me fue la cabeza

Qué curiosa y traviesa es la mente humana, a comienzos de agosto y a mí me trae el mes de enero. Se me hace un nudo en el estómago al echar la vista atrás y recordar: estrés laboral, ansiedad, esa bola que nace desde las entrañas y que como resorte mi hizo estar más activa que nunca. Una no puede dejar de reconocer sus propias grietas, esas rendijas por las que se va directo al abismo… el miedo, el terror donde se cuecen las palabras de amor; donde la vida y la muerte se dan la mano. Desplegué mis alas de dragona y remonté mientras el viento gritaba rencores y rabia. Horizontes lejanos donde confiaba en que él encontrara mis palabras. Palabras desordenadas como cariño y amor, que jugaban sin explicar las certezas que salen a borbotones del alma. Allí donde habita el olvido. Donde se estruja el pecho, donde primero el deseo, y luego la muerte, escupe el fuego que mutila la memoria.


Agostinho Russo, derechos de autor.

jueves, 2 de agosto de 2018

La ceja



Ame Reyes, derechos reservados
Cabalgábamos a carcajada limpia mientras el abuelo nos observaba. Él fabricó nuestros caballitos con los palos de escoba. Nos pintó los belfos con cara de velocidad en aquellas figuras de cartón. Reíamos sin parar los tres con las crines al viento. Los gatos saltaban y huían tras las macetas. Ronnie nuestro cachorro no dejaba de ladrar. La imagen de estos caballos en bronce, me trajeron todo a la memoria. Regresé a la niñez, a aquel patio enorme que fue testigo de nuestras correrías infantiles... donde mis hermanos mayores rompieron mi ceja contra el piso de baldosas que hacía burbujas al llover, donde oíamos las olas batir cuando había oleaje. Allí tras el galope, cuando paré a descansar, entre más risas, se me tiraron encima los dos a la vez. Abuela gritaba al ver la escandalosa sangre y abuelo me levantó como un ovillo. Aquellas manos fuertes que de la misma forma que tumbaba a un luchador contrincante, era capaz de hacernos caballitos de madera. El abuelo era tan bruto como creativo y nosotros adorábamos quedarnos con él y jugar libres por el patio de aquella que siempre llamamos la casa vieja…

Texto escrito para el Universo Mágico de Ame Reyes. 


martes, 31 de julio de 2018

Los nidillos

Ahí te espero colgada en las horas del tiempo, en las olas que llegan unas veces con fuerza y otras casi en silencio. 
Ahí en la costa cerca de Los Nidillos donde se mezclan los sueños. Con un candil encendido para que a modo de faro llegues a mi puerto.
Te espero y deliro pensando en ese encuentro. Mirarnos callados y hablar sin parar. Rozar nuestras manos mientras anochece. Reír con los gestos tensos de quien finge normalidad, cuando subyacen las dudas, las ganas de llorar. 

Foto de Noemí Rodríguez, derechos reservados.

Te espero y no es fácil mirar atrás, no es fácil dejar que salga la verdad. Se encienden más luces, llegará el alba y las gaviotas nos acompañarán... 
¿Será largo el camino de vuelta? ¿Se despejará la bruma y podremos volver a la nítida vida que dejamos pasar? Por si acaso te espero y te escribo en este bello rincón cerca de El Confital.

viernes, 27 de julio de 2018

Vieja ventana

Hay tanto polvo acumulado en los cristales que se puede escribir con el dedo. Restos de lágrimas secas hacen aguajes sobre el alfeizar. Tiempo sin tiempo enredado en las viejas cortinas de encaje. Enredaderas que cierran el espacio, aire reseco, silbidos distantes entre las hojas. No se oyen las olas, el mar no se ve. Una maceta reseca, una piedra que observa la vida, voces enlatadas en los recuerdos. Sueños perdidos calle abajo, de una calle que apenas se ve, de una calle que no tiene salida, de una calle que no te volverá a ver.