miércoles, 18 de octubre de 2017

Líneas continuas

Él llegó tarde a la cita con la vida… se perdió en ese laberinto de sentimientos que no terminaban de llegar a ninguna parte. 
A partir de ahora cargará esa pesada mochila con las emociones que nunca pronunció, los te quiero, los adioses, las mentiras… llegó tarde a la cita con la vida y ésta lo devoró. 
Ahora deambula como zombie por calles oscuras, se retuerce entre líneas continuas por las que no podrá adelantar. 
Foto  cedida por Sandra Franco. Derechos  reservados.

Se perdió en el silencio de sus propios callejones, de esos que ahora no lo dejan respirar. 
Hay esquinas cuadradas también en el alma, de esas que es mejor no mirar. 
Ahora esas frases no dichas se atragantan en el pecho y la pena de quien sin querer llegó demasiado tarde a la cita con la vida… llegó cuando ella se fue, cuando ella harta de gritarle, enmudeció para siempre.

martes, 17 de octubre de 2017

Rayitos de sol

Este sol que cae al atardecer me recuerda que hay rayitos que dan calor cuando menos lo esperas. 
La dorada tarde que cae en cascada anuncia el cambio de estación, una estación que no llega. 
La espuma serpentea al llegar a la orilla, mirar al horizonte hace que una suspire y quiera atrapar el instante. 
Esa soledad compartida al borde de mar, del silencio que sólo rompen las gaviotas, de saber que estás detrás.

Foto cedida por Natalia de León realizada por Blas García, derechos reservados.


Mides mi mirada como yo tus pasos mientras te acercas. Escuchas mi respiración pausada, la postura relajada, las gotas de agua que se evaporan sobre la piel morena. 
La rubia melena que ni la brisa logra mover... corre la sangre en las venas y el deseo late en la sien. Tal vez sirva de lecho la arena mojada y nos amemos otra vez.©

domingo, 15 de octubre de 2017

En paralelo

Que no se detenga tu trote y vaya junto a mis latidos. Que ese brío me acompañe cuando falle mi entusiasmo. La vida veloz en tus cascos marca las arrugas de mis risas. 
Eres parte de mí, tu espíritu va conmigo. La soledad no es argucia para conquistarte. Correspondes como debes y juntos cortamos el viento, afrontamos retos. Nos queremos sin dobleces.
Eres caballo, mi fuerza, la ternura que los chinos en su oráculo dispusieron para ti. Aventurero, versátil, juguetón, alegre, animado, espíritu libre e independiente. Me has enseñado a desbocarme cuando es necesario y ser paciente cuando urge.

Cedida por Nereida  Gil Cubas, derechos reservados.
 
Cariñoso, dulce, goloso e impetuoso... tomas el pulso a la gente. A mí ya me enredaste entre oreja y oreja. Ya te rendí mis espuelas y me portas cuando quieres. Ya me acostumbré a tus crines y abandonarme a tu suerte.©

viernes, 13 de octubre de 2017

El jardín del bajo

Secó las lágrimas de empapaban su cara. Decidió que a partir de ese momento arrancaría todo recuerdo físico de su vida, ya tenía bastante con los que estaban anidados en el alma y que no podía borrar. Sacó las fotos, la maqueta del zeppelín, los libritos de crucigramas sin terminar, restos de ropa y zapatos, hasta el imán de perinquén que tenía en la nevera, eso sí, se dijo, “los libros que se dejó, aquí se quedan”.
Desoyó las voces que le decían que él volvería, que sólo era una mala racha y ella irónica contestaba, “sí sólo fue a por tabaco y van cinco meses”.
Dos días más tarde comprendió que después de bajar todos los trastos al sótano, por fin podía respirar, la casa volvía a oler a ella, a su hogar. Dejó abierta la ventana, se alongó a ver al vecino del bajo que acababa de mudarse. Lo vio cargado de bultos y se ofreció a ayudarlo. Él se lo agradeció y cuando ya terminaron de sacar las cosas de su coche, la invitó a un café, pero ella insistió que subieran a su casa, pues la de él estaba patas arriba. Él se quedó prendado de aquel olor a jazmín, hierbahuerto y flores de albahaca colocadas en vasos por los rincones… 

Cuando vio aquel drago en la enorme maceta que tenía en la terraza, le propuso que lo bajara a su casa pues tenía la ventaja de tener un pedazo de jardín. Allí tendría más espacio y lo podrían cuidar ambos. Hoy lo siguen cuidando, comparten libros, plantas, cafés, risas, y por esas casualidades del destino, comparten la vida.

sábado, 7 de octubre de 2017

Masaje cardiaco

Se encontraron después de tantos años haciendo cola para ver la exposición más grande de Velázquez en el Prado después del éxito que tuvo la del año 1990. Habían pasado tantos años de distancias y silencios... ella le regaló una de aquellas sonrisas que cortaban la respiración. Él cohibido apenas pudo hablar, ella le murmuró, "tranquilo, es lo que hay". Mientras la veía hablar dicharachera, coqueta, controlando la situación como si no hubiera visto su espectro, le caían los recuerdos como las hojas de un árbol en otoño. Tembló como cuando escuchó los primeros acordes de Nyman en París, los paseos de la mano por los jardines de Versalles, sus ojos reflejados en la Fontana de Trevi, las fotos que le hizo en Brujas, el frío de Boston, el beso bajo el Rockefeller Center, las miradas, furtivas en Amsterdan, el neón nocturno de Tokio, las callejuelas de Santa Cruz, Playa Blanca en verano, aquel recuerdo inmediato ante la imprenta de Guttenberg en Mainz... todos aquellos viajes sin ella, pero con ella en el corazón. Se acercó despacito y le pidió susurrando un abrazo. 

Ella correspondió temblorosa y al sentir como se aceleraba su pulso, no lo pensó... un masaje cardiaco, un grito de angustia y un " ahora, no, ahora no". Cuando llegaron los del Samur, el médico le indicó, "lo has hecho muy bien, no te preocupes, de esta sale". Él la cogió de la mano y ella le respondió, "lo sé, lo sé... siempre llevas un as bajo la manga".