martes, 25 de febrero de 2020

Igualdad

Es en tu mirada donde me quiero perder. Que aunque me mires de lado o me observes sin querer, sé que tus ojos me hablan todo lo que no puede ser.

Lara Collado, Photography. Derechos reservados

No necesitas palabras para adornar sentimientos. No precisas decirme lo que te dices. Me asomo tras esos cristales y veo el abismo que esconde ese miedo atroz a lo desconocido. No seré yo quien tire la piedra que haga ondas en tu mirada de mar, de invierno tardío. Mirada de otoño dorado o verde esmeralda. Yo quiero ojos cómplices conmigo, que se pierdan en mi precipicio y compartan los sueños en el mismo camino.

sábado, 8 de febrero de 2020

Parque de El Retiro

Cada vez que podía me escapaba hasta El Retiro, pasear, leer, ver la vida pasar. Y por encima de todo compartir ese pulmón madrileño con quienes como yo siguen buscando un lugar donde acallar las voces internas. Navegar entre letras. Vivir las vidas de quienes protagonizan las historias o empaparme  de conocimientos.

Víctor Camino, derechos reservados

Me es imposible ir a Madrid sin pasar por ahí. Ahí caminé haciendo recuerdos, intercambié besos, risas, arrumacos, fotos; paseos románticos, e incluso otros menos. Lloré desamores, celebré encuentros. Comí bajo árboles y me tumbé al sol del verano. Horchatas, cañas, tapas, hasta paseos en barca. Disfruté de cantautores, guiñoles, artistas callejeros. Echadoras de cartas, escritores que improvisaban poemas de amor por tres duros.  Bicicletas, niños, patines, policía a caballo. Ferias de libros y siempre, siempre la Cuesta de Moyano.
Leer en ese parque siempre se me antojó como algo obligado. Pero también escribir, cartas, pedazos de textos olvidados en cualquier agenda.
He paseado a mis grandes amores, a mis padres y hermanos. Amigos de visita, y a mi hijo, con quien respirar mi pasión y entusiasmo.
Sigue siendo uno de los lugares donde perderme es un regalo. ©

viernes, 7 de febrero de 2020

Alonso Martínez

El frío de diciembre caminando por las calles de Madrid, me trae a la memoria otros fríos, otros inviernos.
Recuerdo ese día sentada en Alonso Martínez. A pesar de todo, lucía cierto rayito de sol y la temperatura era agradable.
Lugar de paso para tanta gente que camina con maletas, con sus abrigos, con móviles en la mano.
Algunos se sentaron como yo, a esperar, a esa hora en la que ya tocaba comer: las dos y media de la tarde.

 
foto propia, derechos reservados


Desde mi posición podía ver a la gente que venía de la calle Génova, los que entraban al Burguer King y en la mítica cervecería Santa Bárbara. Fue allí donde tomamos unos pinchos de tortilla y unas cañas. Reímos, lloramos, nos abrazamos... Amigas desde hace tanto, mientras como dice Sabina afuera la vida pasa como un huracán. Ella se fue a recoger a uno de sus hijos, yo me abrigué y me metí en el metro hasta Sol. Caminé por la calle Arenal hasta llegar a la Plaza Mayor. Luces de Navidad, puestos, niños, atracciones familiares... Regresar, regresar a rincones queridos, perderme entre la multitud y volver al metro, para de alguna forma volver a ti.

Sentadita me quedé



Mientras pasaba la gente a mi alrededor, camino de Cascorro. Con un frío intenso y esa tranquilidad del Rastro cuando aún no se han colocado los puestos, los mañaneros toman café y huele a porras, sentadita me quedé.
Hay resacados que siguen la juerga y esperan que el bullicio les empuje calle abajo en busca de unas cañas antes de ir a dormir.
Sentadita me quedé esperando que vinieras a buscarme. 
Soy esa que ni miras del revés. 
Tiempos mejores hicieron de mí un figurin de postín. Vestía los trajes que las damas iban a buscar a Serrano, a Claudio Coello, hasta en la calle Goya me lucí.
Hoy venida a menos mientras todos se pasean, sentadita me quedé y desde mi rincón del mundo les auguro el porvenir.
Me invento historias, sonrío ajena a lo que sucede, me evado a mi mundo de ensueño, y sentadita espero que vengas a buscarme.©


Imagen cedida por Marce De Las Muelas, derechos de autor.