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Foto propia. |
Miro desde la ventana la playa.
La playa de Las Canteras ha sido desde siempre nuestro campo de agua, como
diría Machado. Lleva aquí tantos años… Supongo que quienes vivimos en esta
ciudad la disfrutamos desde que nacemos. Yo llevaba a mi hijo desde antes.
Estando de baja maternal paseaba a diario con la esperanza de que se colocara
en la mejor posición para venir al mundo. Recuerdo su primera vez en la arena,
al meter sus diminutos pies y ver como se hundían en la orilla. Con casi 20 años
suele ir a correr varios días a la semana, bajar a las canchas de baloncesto o
jugar con sus amigos al fútbol. A veces sale en piragua con un primo, aunque
nunca le ha dado por hacer surf. Hoy la echamos de menos y solo la miramos de
soslayo. La tenemos tan cerca que crea impotencia no poder pisarla. Necesitamos
el aire, la bruma, el olor a brea. Jamás he dado una vuelta sin saludar a
nadie. Pero, la pandemia mundial que nos ha confinado en nuestras casas, le ha
venido muy bien. Ha recuperado la flora y fauna marina, la arena luce más
limpia y dorada que nunca. Dentro de poco podremos olerla, ver a los surfistas
llenar La Cicer, los socorristas en sus puestos, las terrazas llenas de gente,
paseantes y corredores; turistas y vendedores ambulantes. Bella e impasible nos
espera. Estuvo antes y sobrevivirá a cualquier virus aunque no estemos, y
queramos volver a mirar de soslayo.
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