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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Encender la noche

Aquella rosa medio marchita nos recordó que el tiempo de ser felices llegaba a su fin. Tratamos de encender la noche, de luchar por dar claridad a la oscura desazón que se iba apoderando de nuestro espíritu. Rotos los huesos del alma, ya nada podría hacernos sonreír. Se fueron los días de vino y rosas... el ponzoñoso veneno que fue rodeando el pericardio terminó por ralentizar los latidos... no era yo el único que me ahogaba... A tu manera tampoco eras feliz. Ahora es el momento... "nunca es fácil decir adiós", dijiste varias veces... No es fácil, no, pero nos merecemos volver a soñar con rincones oscuros donde robar besos... con noches en las que sean las ganas y no los nervios las que nos impidan dormir. 
Es el momento... la rosa ha perdido su color... está negra como el negro veneno que impregnó la razón. Volvamos a encender las luces, volvamos a prender la llama del amor, susurremos de nuevo palabras tiernas, adjetivos tontos cargados de risas... déjame oír ese cascabel que me enamoró o... sin mirar atrás digamos ese triste y duro adiós.

martes, 15 de septiembre de 2015

Antes que...


El adiós siempre llega antes que las despedidas, es sigiloso, pero no silencioso, neutral, pero no unánime… se siente en todos los poros de la piel… tenemos un sexto sentido que nos avisa, nos aniquila, porque paraliza cualquier posible reacción. Nos paramos en la estación de la duda, y ahí soltamos la mochila esperando que llegue el tren, ese tren preciso al que subir. Te subes y miras por la ventanilla como pasa tu vida, como se nubla la vista, las lágrimas no te permiten ver bien… o es otra historia la que corre por el andén, pidiendo piedad, soltando lágrimas de cocodrilo. O bien al contrario, eres tú la que corre y llora, aunque ni te muevas, aunque no sueltes una lágrima, aunque los ojos bien abiertos y fijos ni siquiera te dejen ver lo que te olías.


El adiós siempre llega antes que las despedidas, es traidor, mortífero, desolador, te deja con el alma a dos manos, desnuda… te petrifica pero… llevas tiempo congelando latidos, intentos infructuosos por parar la trayectoria incuestionable de la vida.

El adiós siempre llega antes que las despedidas, da miedo, pero sabemos en el fondo que iba a llegar y vuelven las mariposas al estómago, esta vez por temor… temor al vacío, ese pánico que de entrada te paraliza… temor a una nueva página en blanco que tener que emborronar de tinta.

miércoles, 10 de junio de 2015

Decir adiós



Nunca me gustó decir adiós. . Es una palabra que detesto. .. sé que a nadie le gustan las despedidas pero no hablo de eso... cuando llega el momento, llega y no hay nada que lo evite. Pero decir adiós. .. es tan rotundo, tan desesperante, tan esperpéntico... me niego a decir adiós. .. jamás me despediré... esa o cerrada y remarcada con acento es tan definitiva. .. no, nunca diré adiós. .. prefiero un ¡hasta lueguito!.

lunes, 4 de mayo de 2015

Te esconderé

Podrá abrazarme la melancolía y la tristeza asomar a mi balcón, y aun así me obligaré a sacudir los recuerdos y quedarme con lo mejor. 
Nos dijimos verdades incómodas, nos vestimos de adoración, ambos supimos querernos sin precaución.
Llevaremos siempre ese suspiro lánguido del adiós pegado al alma... cosido al dobladillo del corazón. 
Podrá París echarnos de menos, y nosotros en diferentes extremos, nos extrañaremos sin compasión.

Guárdame en un huequito de ternura y, en un soplo de pasión, te esconderé yo.