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| Foto de Jordi Navarro, cedida y con derechos reservados |
Aquella tarde te empecé a querer... nos sorprendió la noche con el cielo lleno de estrellas, tantas como las ilusiones que bailaban al son de nuestras palabras y cómplice sensación.
Nos sorprendió la vida porque nunca creímos que aquello pudiera crecer, "multiplicarse o morir" gritaban los grillos lejanos, esos que el asfalto ha ido arrinconando en los parterres y jardines urbanos.
Murieron las sombras de la duda, el veneno de los celos esos que rompen la razón. Sonaba Sabina a lo lejos y en un santiamén, en apenas 24 horas nuestra vida cambió para siempre.
Nunca más volviste a ser el mismo, nunca más lo volví a ser yo. Porque ahora ambos llevamos dentro un cachito de recuerdos que nos muerde el corazón. ©


