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viernes, 7 de febrero de 2020

Alonso Martínez

El frío de diciembre caminando por las calles de Madrid, me trae a la memoria otros fríos, otros inviernos.
Recuerdo ese día sentada en Alonso Martínez. A pesar de todo, lucía cierto rayito de sol y la temperatura era agradable.
Lugar de paso para tanta gente que camina con maletas, con sus abrigos, con móviles en la mano.
Algunos se sentaron como yo, a esperar, a esa hora en la que ya tocaba comer: las dos y media de la tarde.

 
foto propia, derechos reservados


Desde mi posición podía ver a la gente que venía de la calle Génova, los que entraban al Burguer King y en la mítica cervecería Santa Bárbara. Fue allí donde tomamos unos pinchos de tortilla y unas cañas. Reímos, lloramos, nos abrazamos... Amigas desde hace tanto, mientras como dice Sabina afuera la vida pasa como un huracán. Ella se fue a recoger a uno de sus hijos, yo me abrigué y me metí en el metro hasta Sol. Caminé por la calle Arenal hasta llegar a la Plaza Mayor. Luces de Navidad, puestos, niños, atracciones familiares... Regresar, regresar a rincones queridos, perderme entre la multitud y volver al metro, para de alguna forma volver a ti.

domingo, 8 de abril de 2018

Hiela Madrid

Se hiela al mundo alrededor. Madrid se viste de blanco como ya mi pelo blanqueó hace años. Las calles vacías son como las arterias que no bombean mi corazón. No estás en ellas, no estás a mi lado cuando llega el frío, ni cuando el polen de las gramíneas nos hace estornudar. No estás cuando crepitan las hojas, ni cuando el calor derrite el asfalto. Simplemente no estás. Cada paso es como caminar bajo la nieve, cuesta avanzar, cuesta respirar cuando la ausencia duele, cuando congela el recuerdo, cuando el silencio lo invade todo... cuando las pisadas recuerdan que solo mis pies andan bajo el paraguas. Y tú, tú no estás en la ciudad, no estás a mi lado, no estás en mi vida... y este maldito paisaje me recuerda lo que anhelo tenerte. Necesito sentir el calor tu cuerpo, la risa que te acompaña, el contraste rojo de tus labios y tus uñas arañando el perdón, ese que nunca llegó.


Foto cedida por Miguel Hernández Lucas, derechos reservados.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Torero

Era un torero de moda en los años 90. Se dio a conocer por mantener un romance con una grande de España, la hija de una marquesa que conoció entre bambalinas de una obra de teatro. La chica eligió años más tarde a otro torero, un director de cine... y perdí la cuenta. La madre se casó con uno que parecía tan plastificado o más que ella. Heredaron todos fortuna tan grande... qué feliz hubiera sido cualquier bolchevique con un uno por ciento que repartir. Pero esas son otras historias. Yo quería hablar del torero. Me mandaron a cubrir una corrida de toros que ofrecía con carácter benéfico en una plaza de un pueblo de su Extremadura natal. Salí temprano desde Madrid, cuando apenas había dormido. Llegamos mi fotógrafo y yo a su finca, donde la familia nos atendió de maravilla. No estaba en casa, había salido a montar en bici para relajarse. Llegó risueño, al presentarnos me dijo: "Rubia, nos separa un manillar". Me reí coqueta. Joven, novata en la profesión y sin haber visto en mi vida una corrida de toros. Inolvidable día de Feria, plaza abarrotada y yo desde los burladeros. Me brindó el toro. Y la tarde noche que siguió detrás. Nos vimos un par de veces en fiestas por Madrid. Él siguió su camino y me echó en cara que en Canarias no se pudiera torear, "porque me iría contigo, rubia". Otras cientos de rubias vinieron después. Jamás volví a ver a nadie torear, pero sí ir a plazas de toros a conciertos y mítines. De él ya poco se oye hablar.©

sábado, 12 de agosto de 2017

Escritor de éxito

No fue fácil ser escritor y mucho menos destacar en ese mundo de egos, falsos aplausos y todo un mundo editorial de intereses creados. Sin embargo fue fácil dar con la temática de sus trilogías, de sus pentalogías y de todas las sagas que le han llevado a la gran pantalla. Fue fácil inventarse un nombre, Ella Tucson, y sentarse cada tarde en su cubil desde donde se divisa el pueblo. Pensó que ponerse nombre de mujer y narrar cosas tan bélicas y tenebrosas, creando tanto terror, psicológicamente podría dar el cante. Nombre extranjero, además, ¿porque quién iba a tener en cuenta a un manchego, aunque ya haya uno universal y muy conocido y que también se llama Pedro? Mejor no tentar la suerte y hacerse pasar por fémina y norteamericana. Y es después de una licenciatura, un doctorado, un máster, un sinfín de trabajos precarios y un desahucio, Pedro se rindió. Volvería al pueblo y le pediría a su padre que le enseñara el oficio familiar. 

Y jamás pensó que ello le reportaría tan pringues beneficios. Mira que manchegos cercanos a él y triunfadores estaba también ese Almódovar, pero a él no lo conocía. Sin embargo conocía al “quesos”, uno de los hijos de los García Baquero, de Alcázar de San Juan; al “pegote”, nieto de los pegamentos Imedio, de Calzada de Calatrava y al “verdejo”, otro Pedro pariente de los Vinos de Valdepeña. Se conocieron estudiando en Madrid, y él era un pobre estudiante más mientras ellos manejaban gran cantidad de dinero. El Quesos tenía un Alfa Romeo color rojo, era un guaperas impresionante y se ligaba a las tías más guapas de la Complutense. A los otros les trató menos, pero ahora sí que lo frecuentan, ahora sí que presumen de ser amigos suyos. ¿Quién le iba a decir que aprender el oficio del padre después de tanto tiempo, le iba a reportar todos esos bienes? Forrado de pasta hasta no saber cuánto y sin embargo sigue empeñado en seguir su trabajo, conociendo historias, manejando a su antojo la vida de todos cuantos le rodean… uno conoce de sobra las tinieblas y los oscuros secretos desde su posición de sepulturero.©

miércoles, 14 de junio de 2017

Participando en Ferias del Libro 2017



Participando en Ferias del Libro de Santa Cruz de Tenerife, de Las Palmas de Gran Canaria y de Madrid, con mi último libro 'Reflexiones en blanco y negro'.

Feria de Santa Cruz de Tenerife, día 27 de mayo de 2017:


Presentando en la carpa Fetasa



Firmando ejemplares en la librería Masilva



































Feria de Las Palmas de Gran Canaria en imágenes, día 30 de mayo de 2017:

Presentación en la carpa Macondo con Pepa Molina e Inma Flores

Entrega de dos ilustraciones por su autor, Clodobaldo González.


En la carpa de firmas.



Feria del Libro de Madrid 9 de junio de 2017:










martes, 22 de noviembre de 2016

Distintas lluvias

Paraguas, paraguas de colores, de diferentes tamaños y estilos; de diferentes precios… ¿Cuántos paraguas habré perdido? Y lo que es peor aún ¿Cuántos me he encontrado que después he perdido? He dejado paraguas en la facultad, en las guaguas, en el meto, en los taxis, en los bares… en casa de amigos de amigos que organizaban fiestas; en plazas, en El Retiro, en las canchas de baloncesto cuando iba a ver jugar a los grandes… Tantos y tantos paraguas cuando vivía en Madrid… no me acostumbraba a usarlos. Pero claro, era más joven… 

Foto de Jordi Navarro, Barcelona. Derechos reservados

La lluvia no me hacía daño, la lluvia no calaba mi ropa de abrigo grueso hasta la piel como aquí que una va despavorida en zapatillas de tela y vaqueros que arrastra por las aceras. La lluvia no me importaba, la lluvia no paraba mi vida de joven estudiante despreocupada con todo resuelto. La lluvia no paraba mi vida y punto. 

Ahora las gotas me hacen daño, no sólo el físico que me cojo unas bronquitis tremendas, sino que me hacen daño en los ojos que se empañan y lloran disimuladamente… añoro aquella lluvia, añoro aquellos días y no puedo evitar pensar en mi calle de Francisco Silvela, en la Avenida Universitaria, en las aulas grises de aquella fortaleza de piedra y vidrio… en los amigos y los cafés que compartimos… en las grandes tormentas que me aterran.

Hay lluvias tan distintas, lluvias, lluvias… que llenan de paraguas las calles, lluvias que llenan el alma de lluvia y no hay paraguas que la proteja, ni techo que la ampare.


domingo, 10 de enero de 2016

a Armando II

La tristeza invade todos los rincones del alma cuando hay que despedirse...
No te marchas porque quieres, te vas porque te han obligado...la vida quiso, amigo, que llegaras hasta aquí.
Parece que fue ayer cuando adolescente rebelde dejaste crecer tu pelo y te lo cortaste por una promesa...querías dejar Madrid...
Volviste a casa... y pasaron 32 años sin poderte abrazar... Ahora tal vez tardemos un poco más... pero sin duda lo haremos y será como habernos visto el día antes... como haber hablado ayer...

domingo, 22 de noviembre de 2015

Nostalgia

En tardes como esta de frío y lluvia la nostalgia acude al cuerpo y este a veces llora como las nubes. He buscado viejas fotos, recuerdos de la infancia, la niñez, la adolescencia, y es que una sin querer va pasando décadas. A veces he vivido tantas vidas… lo bueno de todo ello es que realmente las he querido vivir. Mis años de escuela con las monjas, en un colegio sólo de niñas ( aunque esto fue elección propia)… que dio paso a los mejores y maravillosos años, con la laica mezcla de sexos que vinieron después. Los años universitarios, década también prodigiosa, y digo década porque me quedé en Madrid hasta que decidí formar una familia y regresar a casa. Infancia en Lanzarote, adolescencia en el sur, madurez en Madrid y ya media vida en Gran Canaria. Siempre estoy riendo en las fotos, siempre estoy riendo en la vida real… bueno, tengo mis momentos de enfado y de ira, no soy especial. Tengo momentos de lágrimas, porque me invade la melancolía, la impotencia, o simple sensibilidad. Todo eso está en las fotos dónde el cambio de peso, de color de pelo y de tamaño variaba hasta los últimos 16 años. Han variado los amigos, son tantos y tantas los que han pasado por las instantáneas… hace unos días mi padre emocionado, me dijo que había rescatado mi vieja olympus, esa réflex, con su estuche y super objetivos que me acompañó en mis años de periodista intrépida. Qué ilusión me hizo verla… él la está usando y tan contento de que un fotógrafo amigo se las revele, sin coste alguno. Qué poco cuesta atraer recuerdos y que duro a veces no tenerlos presentes.