miércoles, 29 de septiembre de 2021

80 Feria del Libro de Madrid

 

Empezar este texto con esa cabecera ya es de por sí una alegría. El hecho de haber participado en esta anómala Feria del Libro de Madrid, después de que no se pudiera celebrar la del 2020, es decir la edición 79, es toda una aventura. Me esperaba no solo defender el libro que Martina Villar y yo hemos publicado con la editorial Mercurio y el apoyo de nuestro editor Jorge Liria, Leyendo a Jane Millares sino el reencuentro con quienes vivimos y amamos de la literatura, y las amistades que una dejó allá durante sus años de carrera y esos once años en Madrid, más todas las nuevas que se han ido forjando al amparo de las letras.



Se que libreros y editores se tiran de los pelos por conseguir el mayor número de ventas y sé lo que es participar en una organización de Feria, puesto que participé en 2016 en la de Las Palmas de Gran Canaria en coordinación y llevando el Gabinete de Prensa. Llevo varios años participando como autora y periodista, así que conozco de primera mano lo que es una organización que ni se acerca por asomo a la de la magnitud y visitantes que supone la feria de Madrid.

Las ventas tal y como se ha anunciado en prensa, se han visto reducidas en más de un 10 por ciento este año, a pesar de contar con autoras y autores de reconocido prestigio e incluso internacional.

Han sido 17 días de actividades, actos y firmas. Solo el último fin de semana estuvo abierta de 10:30 a 21:00 h., el resto se cerraba a mediodía. Precisamente ese fue el fin de semana que yo elegí junto a la editorial Diwan que me invitó a participar como firmante y a la que asistí en nombre de ambas autoras. Hubo picos de colas muy largas, incluso desde primera hora de la mañana del sábado 25 en que el día acompañó tras la tormenta del viernes luciendo un sol maravilloso.

                                                                                                                              
 El aforo a las 10 de la mañana estaba al 97 por ciento, según anunciaban lo paneles electrónicos. Con picos de largas colas para entrar a media mañana, ese aforo al igual que el espacio y el número de casetas han hecho desistir a veces a más de uno de ir o entrar. Las pequeñas editoriales criticaron a la Feria del Libro por colocarlas juntas en un sitio apartado y 'sacrificarlas'


Primer día de firma tras la tormenta caída el viernes día 24


Con el escritor y amigo Miguel Ángel González el segundo día de firma el sábado 25.





















Personalmente celebro la ubicación de mi caseta, la número 65 y también el hecho de que se publicara el acceso a las listas de firmas en varios medios de comunicación, por ejemplo, aquí https://www.20minutos.es/noticia/4815168/0/encuentra-escritor-feria-libro-2021-madrid-buscador-autores/.

Ahora bien, he de confesar que casi no pudieron ir mis amistades, cosaque por otro lado vi positivo pues pude conocer gente nueva y lectores y lectoras desconocidos.

Si he de valorar mi participación, he de decir que siempre es muy positiva, el hecho de las normas Covid hicieron que solo pudiera haber una persona firmando por caseta y eso reducía también la estancia en las mismas. Pero sin duda los contactos realizados con editoriales, autoras y autores, correctoras y público en general es una experiencia que no me perderé en el futuro por nada del mundo.





Presentar en la biblioteca municipal Eugenio Trías del propio parque fue otra aventura maravillosa, si bien es cierto que el horario de un lunes a las 17.00 horas no era nada apropiado, sí he de reconocer que fue gente muy interesante, y entre el público, la delegada del Gobierno de Canarias en Madrid, Lola Padrón.   Fue un acierto contar con Loreto Gutiérrez, compañeta periodista, corresponsal del Canarias 7 en Madrid.

lunes, 12 de julio de 2021

Mundart -Proyect 2021



Mundart-Proyect es una Feria de Arte Internacional que se celebra en Madrid desde el año 2014. Su fundador y comisario, Sergio Estévez, es un joven grancanario inquiero por la cultura, poeta y artista plástico que ha decidido proyectar sus sueños más allá de nuestras islas haciendo de este encuentro un escaparate de artistas de diferentes disciplinas.

La exposición Mundart Proyect 2021 alcanzó en esta ocasión la séptima edición.

La idea de este proyecto era la de unir un sólo espacio expositivo de Madrid a creadores de distintas ciudades y disciplinas. Este año 2021, participaron una docena de artistas, aunque en la edición del pasado año fueron casi 50, el espacio de celebración fue más amplio dado que se celebró en la Casa de Vacas del Retiro.













Junto a la inauguración que tuvo lugar el día 3 de julio a las 12.00 de la mañana, se hizo entrega del Premio Sergio Estévez creado en 2017 con la intención de agradecer a cuantos artistas colaboran con este festival que además de ser una muestra internacional de arte, en el que tienen cabida, asistentes de distintas ciudades no solo españolas, y diferentes disciplinas. Técnicas tan diversas como carboncillo, óleo, acrílico, fotografía, grabado y esculturas, entre otras conviven para expresar paisajes, naturaleza retratos, figuras y abstracción. Además, otro de sus objetivos es mostrar los acontecimientos cotidianos que reflejan la situación social que vivimos con fines solidarios. En esta edición los artistas realizaron una obra de pequeño tamaño cuyo importe de la venta en su totalidad será donado a Mensajeros de la Paz.

Tuve la suerte de ser elegida como periodista, escritora y gestora cultural para participar como miembro del jurado para la convocatoria del premio de este año, y al ser la única representante canaria, Estévez me pidió que entregara el premio y presentara el acto.

El resto de miembros del jurado que me acompañaron en esta aventura, además del propio Sergio Estévez, fueron:

Lola Rodríguez, Comisaria de arte y locutora de radio, María José Bro, artista plástica y también locutora, Julio Sánchez, arquitecto urbanista, Macarena Arnás, escritora, Frida Dosantos, diseñadora gráfica, José Domínguez, Artista plástico, Santa Ana, fotógrafo y Carmen Bescós, galerista.

Durante el evento, al que acudieron unas ochenta personas, se hizo entrega también de un galardón honorífico al Padre Ángel, valorando su labor en Mensajeros de la Paz.





Aproveché la presentación del acto para hablar de la situación de la Cultura Canaria, y que, a pesar de vivir el momento de pandemia, el festival incluso se celebró el pasado año, siendo un acto de valentía por parte del difusor de arte, con quien además comparto la pasión por la literatura.

Celebré que se organicen desde Canarias festivales como este, que son un encuentro cultural que sirve de escaparate para difundir nuestra cultura a nivel internacional, pudiendo proyectar la literatura, el arte y llegar a todos los rincones posibles. También añadí en mi discurso de apertura, que celebraba la participación de tantas mujeres, concretamente en esta edición dos artistas canarias, dado que la visibilidad femenina es muy importante.

He de mostrar mi satisfacción por el día de apertura, dado que las personas asistentes se emocionaron con mis palabras, dándome varias las gracias. por hacer de ese sábado un encuentro común para celebrar que el arte, la cultura en general, en mi caso la literatura, y que sean una proyección constante. Así mismo, brindamos porque siempre impere la creatividad.

No esperaba tanta presencia dado que se sigue controlando el aforo debido a la pandemia, pero dejo imágenes del momento que reflejan fielmente la cantidad de personas y las emociones vividas.


El grupo de artistas asistentes fueron: Lola Santos (Madrid), Marco Baroncini (Milán), Eva González (Zaragoza), Ana Tarbac (Rumanía), Javier Gómez (Huesca), Conchi Ororbia (Bilbao), Pura Rámos (Madrid, Carmen Reyes (Las Palmas de Gran Canaria), Elena Robayna (Lanzarote), Blanca Abajo (Vitoria), Salvador Samper (Madrid) y Sergio Estévez (Las Palmas de Gran Canaria). Comisariada por Sergio Estévez.

El horario de lunes a sábado de 10:00 a 14:00h y de 17:00 a 20:30h. Domingo de 10:00 a 14:00h. Entrada libre.

Con una magnífica organización expliqué además como se hizo el proceso de selección, de forma totalmente anónima y respetando en todo momento las votaciones personales, con lo cual pude dar fe de que se hizo de la forma más honesta posible. Con la experiencia que poseo como miembro de jurado en varios certámenes, puedo asegurar que se hizo de forma absolutamente leal.

La inauguración fue una fiesta en la que además de las personas participantes y visitantes de varias nacionalidades, pudimos disfrutar de las emociones encontradas, con algunas lágrimas de satisfacción.












Yo solo pude brindar, y celebrar en mi despedida por muchos años de Cultura, y sobre todo porque jamás nos quedemos sin imaginación y creatividad ya que somos muchas las personas que nos movemos en la difícil cuerda floja de la crisis mundial que nos asola.

lunes, 4 de enero de 2021

Soslayo

 

Foto propia.

Miro desde la ventana la playa. La playa de Las Canteras ha sido desde siempre nuestro campo de agua, como diría Machado. Lleva aquí tantos años… Supongo que quienes vivimos en esta ciudad la disfrutamos desde que nacemos. Yo llevaba a mi hijo desde antes. Estando de baja maternal paseaba a diario con la esperanza de que se colocara en la mejor posición para venir al mundo. Recuerdo su primera vez en la arena, al meter sus diminutos pies y ver como se hundían en la orilla. Con casi 20 años suele ir a correr varios días a la semana, bajar a las canchas de baloncesto o jugar con sus amigos al fútbol. A veces sale en piragua con un primo, aunque nunca le ha dado por hacer surf. Hoy la echamos de menos y solo la miramos de soslayo. La tenemos tan cerca que crea impotencia no poder pisarla. Necesitamos el aire, la bruma, el olor a brea. Jamás he dado una vuelta sin saludar a nadie. Pero, la pandemia mundial que nos ha confinado en nuestras casas, le ha venido muy bien. Ha recuperado la flora y fauna marina, la arena luce más limpia y dorada que nunca. Dentro de poco podremos olerla, ver a los surfistas llenar La Cicer, los socorristas en sus puestos, las terrazas llenas de gente, paseantes y corredores; turistas y vendedores ambulantes. Bella e impasible nos espera. Estuvo antes y sobrevivirá a cualquier virus aunque no estemos, y queramos volver a mirar de soslayo.

lunes, 21 de diciembre de 2020

2020 un año de intenso trabajo



    El año de la pandemia y el confinamiento, como periodista he llevado dos gabinetes de prensa, y he colaborado de tertuliana en varios programas de Radio Las Palmas y organizado un par de encuentros literarios; Como autora, fui escritora invitada en la Casa Museo Pérez Galdós, impartí allí mismo un taller de escritura creativa; di conferencias en la ULPGC, en el Ayuntamiento de Puerto del Rosario y colaboré con su biblioteca por el día del libro. Fui miembro del jurado del primer concurso de relatos del Colegio de Enfermería del Gobierno canario. Participé en la IV edición de Artebirgua, encuentros literarios en la Cumbre. Organicé y dirigí el festival de género negro LPA Confidencial. Participé en tres libros, gané el tercer premio de un concurso de relatos en el Ayuntamiento de Paradas, Sevilla. Presenté los libros a dos amigos. Formé parte de una mesa redonda sobre la obra visual de Ángel Sánchez (Premio Canarias de Literatura 2018), y otra hablando del futuro de las escritoras en la Feria del Libro y la Lectura de Guía, organizada por el Cabildo de Gran Canaria. Formé parte de otra mesa redonda de directoras de festivales en Tenerife Noir. Lideré la V edición de Emprender en Femenino, organizada por el ICI, el Ayuntamiento de Ingenio e Impulso 7. Y además presidenta del jurado de los premios de Juventud 2020 del Gobierno canario. No he dejado de formarme, asistiendo a un par de cursos online. He concedido unas 15 entrevistas... y de regalo, aparezco en la Wikipedia. No puedo estar más contenta. 








 



 




jueves, 26 de noviembre de 2020

Rojo fundido en negro

Aquella quella mañana iba llena de ilusiones a empezar una nueva vida.  Por primera vez desde que llegó de su país iba a tener una oportunidad de trabajar. Había hecho un curso de hostelería y la habían llamado de donde hizo las prácticas para hacerle un contrato temporal. La perspectiva era que si todo iba bien podría quedarse en el  restaurante más tiempo del previsto.  Había quedado en la asesoría a firmar el contrato. Estaban todos tan felices en casa: Elena iba a traer un sueldo. Salió temprano bien arreglada, con la felicidad en la cara, cogió la guagua, se bajó según las indicaciones e iba flotando con la mirada puesta en el futuro. Quedaban atrás los días malos, los días de hambre, de apuro. Aquellos días de malos tratos. Aquella mala elección. Por fin sería libre. Tendría un sueldo, un trabajo. No lo vio venir. No sintió apenas el dolor del hierro lacerando su piel. No sintió brotar la sangre. No oyó los gritos, no sintió frío ni vio aquellas caras que la socorrían. No notó el puño que el enfermero metía en su estómago para taponar su agonía. No podía respirar, solo se decía a sí misma que era un sueño. En unos minutos firmaría el contrato de su vida. Aquello no era la firma matrimonial que él le pedía, no podía ser que ganara siempre el destino. La ambulancia no llegó a tiempo, la familia no pudo celebrar con arepas ese gran día. El rojo se fundió en negro y quedó la huella en el asfalto al pie de las escaleras, frente a la asesoría


domingo, 8 de noviembre de 2020

SOBRE MI



Nació en mayo del 64 estudió Ciencias de la Información, en la rama de periodismo, en la Universidad complutense de Madrid, donde vivió casi una década. Diplomada Detective Privado por la misma Universidad, y además tiene un Máster de Periodismo organizado por Editorial Prensa Canaria entre las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y la Complutense de Madrid.


Es autónoma experta en Gabinetes de Comunicación (Ha trabajado para el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, para el Cabildo Insular, y para el Gobierno de Canarias; en varios medios de comunicación, prensa, prensa digital, radio y televisión, a nivel local, regional nacional e internacional, así como en varias ONG). Además de la revista de literatura regional Dragaria. Es también Animadora Sociocultural, Formadora de formadores y Gestora Cultural. Compagina su trabajo dentro del ámbito profesional como periodista, dando cursos de formación de escritura creativa, conferencias y organizando eventos literarios. 

Ha recibido formación académica en la Escuela de Letras de Madrid, participa activamente en varios grupos literarios; ha participado en varios encuentros, tertulias y recitales, y ha presentado los libros de más de una treintena de autores canarios y nacionales. Jurado en el Primer concurso de relatos Eróticos organizado por el Teatro -Bar Bambalinón y del primer certamen de Relatos y Microrrelatos convocado por la editorial, Ediciones de En Medio, A mí no me vengas con cuentos. Jurado del Primer Concurso canario de relato corto en cuidados de la salud: hazlo visible organizado por el Gobierno de Canarias, julio 2020.

Tiene editado el libro de relatos eróticos, Sin tu permiso, editorial Bubok, Madrid 2012 y Reflexiones en blanco y negro Beginbook Ediciones, 2016. La espiral del silencio ediciones Aguere-Idea 2018. Ha participado en varias antologías Recapitulando 2013: Doce meses, doce autores, un libro... (Amazon 2013), las editadas por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (Herramientas desde la crisis 2018) y el Cabildo de Gran Canaria (Escritos a Padrón julio 2020); Tránsito (ediciones Tepemarquia 2019. Forma parte del libro Antología de cien escritoras canarias, de Chicha Reyna (Mercurio, marzo 2020). Este año verá la luz un libro con la escritora Martina Villar basado en la obra pictórica de una artista grancanaria, (Editorial Mercurio 2020) y el libro de G21 Novelistas canarias (Ediciones Aguere-Idea octubre de 2020). Además, participa en la antología internacional, Nosotras, que será editada en México (Ediciones Androval, 2021).

Ha participado en varias ferias de libros en Canarias, Madrid y Barcelona. Ha presentado a más de una treintena de autores y autoras tanto canarios como nacionales. 

Forma parte del proyecto Islas de Tinta de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias a través del Festival Tenerife Noir, en el que participó invitada en 2019, presentando su obra en los institutos de las Islas. 

Ha dado numerosas charlas y participado en conferencias, formando parte también del ciclo Escritoras en la Casa Pérez Galdós del Cabildo de Gran Canaria. 

Forma parte de Vivas, Asociación de Comunicadoras de Canarias, (https://www.vivascomunicadoras.org/); de la Plataforma de mujeres creadoras, (http://plataformademujerescreadoras.blogspot.com/); de la Red Mundial de Escritores en Español y de los escritores de la Universidad Complutense de Madrid.



martes, 25 de febrero de 2020

Igualdad

Es en tu mirada donde me quiero perder. Que aunque me mires de lado o me observes sin querer, sé que tus ojos me hablan todo lo que no puede ser.

Lara Collado, Photography. Derechos reservados

No necesitas palabras para adornar sentimientos. No precisas decirme lo que te dices. Me asomo tras esos cristales y veo el abismo que esconde ese miedo atroz a lo desconocido. No seré yo quien tire la piedra que haga ondas en tu mirada de mar, de invierno tardío. Mirada de otoño dorado o verde esmeralda. Yo quiero ojos cómplices conmigo, que se pierdan en mi precipicio y compartan los sueños en el mismo camino.

sábado, 8 de febrero de 2020

Parque de El Retiro

Cada vez que podía me escapaba hasta El Retiro, pasear, leer, ver la vida pasar. Y por encima de todo compartir ese pulmón madrileño con quienes como yo siguen buscando un lugar donde acallar las voces internas. Navegar entre letras. Vivir las vidas de quienes protagonizan las historias o empaparme  de conocimientos.

Víctor Camino, derechos reservados

Me es imposible ir a Madrid sin pasar por ahí. Ahí caminé haciendo recuerdos, intercambié besos, risas, arrumacos, fotos; paseos románticos, e incluso otros menos. Lloré desamores, celebré encuentros. Comí bajo árboles y me tumbé al sol del verano. Horchatas, cañas, tapas, hasta paseos en barca. Disfruté de cantautores, guiñoles, artistas callejeros. Echadoras de cartas, escritores que improvisaban poemas de amor por tres duros.  Bicicletas, niños, patines, policía a caballo. Ferias de libros y siempre, siempre la Cuesta de Moyano.
Leer en ese parque siempre se me antojó como algo obligado. Pero también escribir, cartas, pedazos de textos olvidados en cualquier agenda.
He paseado a mis grandes amores, a mis padres y hermanos. Amigos de visita, y a mi hijo, con quien respirar mi pasión y entusiasmo.
Sigue siendo uno de los lugares donde perderme es un regalo. ©

viernes, 7 de febrero de 2020

Alonso Martínez

El frío de diciembre caminando por las calles de Madrid, me trae a la memoria otros fríos, otros inviernos.
Recuerdo ese día sentada en Alonso Martínez. A pesar de todo, lucía cierto rayito de sol y la temperatura era agradable.
Lugar de paso para tanta gente que camina con maletas, con sus abrigos, con móviles en la mano.
Algunos se sentaron como yo, a esperar, a esa hora en la que ya tocaba comer: las dos y media de la tarde.

 
foto propia, derechos reservados


Desde mi posición podía ver a la gente que venía de la calle Génova, los que entraban al Burguer King y en la mítica cervecería Santa Bárbara. Fue allí donde tomamos unos pinchos de tortilla y unas cañas. Reímos, lloramos, nos abrazamos... Amigas desde hace tanto, mientras como dice Sabina afuera la vida pasa como un huracán. Ella se fue a recoger a uno de sus hijos, yo me abrigué y me metí en el metro hasta Sol. Caminé por la calle Arenal hasta llegar a la Plaza Mayor. Luces de Navidad, puestos, niños, atracciones familiares... Regresar, regresar a rincones queridos, perderme entre la multitud y volver al metro, para de alguna forma volver a ti.

Sentadita me quedé



Mientras pasaba la gente a mi alrededor, camino de Cascorro. Con un frío intenso y esa tranquilidad del Rastro cuando aún no se han colocado los puestos, los mañaneros toman café y huele a porras, sentadita me quedé.
Hay resacados que siguen la juerga y esperan que el bullicio les empuje calle abajo en busca de unas cañas antes de ir a dormir.
Sentadita me quedé esperando que vinieras a buscarme. 
Soy esa que ni miras del revés. 
Tiempos mejores hicieron de mí un figurin de postín. Vestía los trajes que las damas iban a buscar a Serrano, a Claudio Coello, hasta en la calle Goya me lucí.
Hoy venida a menos mientras todos se pasean, sentadita me quedé y desde mi rincón del mundo les auguro el porvenir.
Me invento historias, sonrío ajena a lo que sucede, me evado a mi mundo de ensueño, y sentadita espero que vengas a buscarme.©


Imagen cedida por Marce De Las Muelas, derechos de autor.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Gorgoteo


Deshacía las maletas mientras Norberto había ido a hablar con los guardeses de la finca y comprar algunas provisiones para esa noche. Verdaderamente era un paraje tranquilo, justo lo que necesitaba después de un divorcio tan estresante. Norberto había estado a la altura sí señor, y encima me regalaba este largo fin de semana en una cabaña rural a las afueras de la ciudad. Nunca había estado en esta zona. La soledad y el silencio casi me asustaban, las siete de la tarde y ya caía la noche cerrada. Me dio un poco de miedo estar allí sola, pero me armé de valor y me dije que era una boba por sentir aquel escalofrío. Pero de repente oí unos gritos. No sé de dónde provenían. Me acerqué al salón, miré por la ventana y no vi a nadie. Me dirigí al baño, pues la estancia no tenía más de cincuenta metros cuadrados, y me pareció ver la figura de una mujer, pero estaba sola. Pensé que eran cosas mías, y según regresaba a la habitación la volví a ver, gritaba. Aporreaba la puerta y pedía a alguien del interior que la abriera. Me acerqué para ver quién era, de dónde había salido. No me contestaba, solo gritaba a un tal Pablo que abriera la puerta del aseo y preguntaba desesperadamente qué le pasaba a Pablito. No había respuestas, ni de la mujer, ni del tal Pablo ni de Pablito. Yo solo oía sus gritos y un gorgoteo que salía del interior. Traté de abrir la puerta y no podía, estaba cerrada. Pretendía que me explicaran quiénes eran y qué estaba pasando, pero nadie me respondía era como estar viendo la secuencia de una película. Grité más fuerte e incluso llamé a Norberto por teléfono y me preguntó qué estaba pasando y qué eran aquellos gritos. Distraída no me di cuenta que la mujer lloraba desconsolada. Había abierto la puerta del baño y vimos al hombre tratando de hacer la reanimación cardiopulmonar a un pequeño que supuse era su hijo. La policía entró en ese momento, nadie me hacía caso, yo preguntaba qué estaba pasando, qué era todo aquello. El tal Pablo al que su mujer daba puñetazos solo repetía una y otra vez, “nadie me entenderá, nadie me entenderá porque nadie tiene la mentalidad ni las creencias correctas”. 

De repente todo desapareció era como haber visto un holograma, una madre llorando, varios policías, un hombre que hacía la RCP a un niño que parecía muerto… no entendía nada. No había nadie en la casa cuando Norberto entró como una tromba asustado. Yo temblaba de miedo, apenas pude balbucear unas palabras. De repente entraron los vigilantes de seguridad de la urbanización alertados por Norberto y el escándalo que oyó dentro. No existía ninguna explicación, allí no había nadie más que nosotros, yo estaba aterrada y solo pensaba en regresar a casa. Nadie pudo convencerme de que allí no pasaba nada. Pedí que nos fuéramos sin recoger siquiera el equipaje, que ya nos lo mandarían. Durante el trayecto iba narrando a Norberto todo lo que sucedió en cuestión de minutos, o segundos, no tenía clara la noción del tiempo. Solo que oí a una madre desesperada, a un niño moribundo, la policía, un padre que gritaba no sé qué cosas de que nadie lo entendería. No habíamos entrado en la ciudad cuando nos llamó la policía, diciéndonos que debíamos volver al pueblo pues necesitaban de nuestro testimonio. “¿Testimonio de qué grité como loca?”, el agente de policía solo nos explicó que debíamos dar la vuelta. 

A la entrada del pueblo nos esperaba un coche de policía, nos indicaron que les siguiéramos hasta la comisaría. No se veía nada, hojas de árboles que se movían a nuestro paso, la luz de los focos de nuestros coches alumbraban el angosto paisaje que no conocíamos. Había entrado en el pánico más absoluto. Una agente que decía ser de la unidad psicológica trataba de tranquilizarme. También vino un médico que me hizo muchas preguntas por si necesitaba tomar un tranquilizante. Ni Norberto ni yo entendíamos nada, lo miraba como una cachorra aterrada. Aquello no podía ser cierto. Era una broma macabra: Hacía menos de dos horas que un tal Pablo había matado a su hijo de seis años. En el hospital donde fue declarado muerto determinaron que el niño tenía quemaduras de más del quince por ciento de su cuerpo incluidos los antebrazos, los codos y la cabeza. Era tan alucinante todo aquello, me preguntaba qué pintaba yo en este pueblo, a estas horas de la noche y envuelta en un parricidio que no venía a cuento. La mujer policía me explicó que tenían al detenido y que tras oír el parte de los seguritas de lo que había ocurrido en nuestra cabaña necesitaban comprender dónde estaba yo y cómo era posible que hubiera descrito lo sucedido a diez kilómetros de allí. Cada vez más incómoda les dije que no tenía ni la menor idea de todo aquello que quería irme a mi casa. Me pidieron que viera al detenido, que confirmara que era el mismo hombre que yo había visto en el baño de mi cabaña practicando la RCP al niño. Me contó que la madre estaba en el hospital bajo los efectos de calmantes, pues había sufrido la muerte de su hijo. Quise saber, quise saber más, la curiosidad me podía a pesar de lo absurdo que era todo. 

El padre, el tal Pablo había explicado en los primeros minutos del interrogatorio que la semana pasada se había dado cuenta de que el niño tenía “un demonio dentro de él”. Mientras ese jueves lo estaba bañando “vio algo malo dentro del niño y sabía que tenía que echar al demonio”. Con treinta y un años Pablo Martínez estaba acusado de asesinar a su hijo después de sostener que había metido al menor de seis años debajo del grifo de agua hirviendo entre cinco y diez minutos. Pensó que esa era la fórmula ideal para sacar lo que tenía dentro. Me pidieron que lo viera tras un espejo y les dijera si realmente era el hombre que vi. Todo ello era absurdo, en la cabaña no había pasado nada realmente, allí no hubo ningún asesinato ni nada de lo que le contaban de esa familia ¿cómo podía yo reconocer a nadie? Solo había sido fruto de su imaginación. Le dijeron que efectivamente todo era un absurdo, pero ella había visto algo. No sabían explicar cómo ni por qué. Accedí a mirar por el espejo. Quien estaba al otro lado de la habitación era Norberto, no podía creerlo… me hablaban de un tal Pablo, yo misma oí los gritos de aquella mujer. Quise darme la vuelta, pero no había nadie, ni comisaría, ni policías, ni hombre tras el opaco espejo, era yo quien estaba atrapada para siempre en aquel espejo, aquel espejo de baño.

Relato escrito para la Radio Las Palmas en la noche de Difuntos de 2019. Programa organizado sobre Literatura y terror con Asun Benítez, María Hi, Martina Villar, Luis Henríquez y Leandro Pinto.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Mi tarde

El horizonte nunca es el mismo aunque lo mires desde el mismo lugar. Aire, agua, fuego y tierra pueden cambiar el paisaje en un nanosegundo. Nunca, nunca lo veremos igual. Bendita naturaleza que nos regala infinitas imágenes que se quedan en la retina y nos hacen vibrar.


Paisaje rural de Yaiza, isla de Lanzarote.

¿Aquella tarde empecé a tomarme en serio mi vida? Fue una tarde cualquiera, pero, sin duda, aquella fue mi tarde. El pueblo estaba vacío a esas horas. Ni siquiera los niños jugaban en la plaza alborotando con su júbilo estival. Aunque parte de la gente joven, parejas surgidas en las vacaciones, sí que buscaba precisamente esas horas de sopor y recogimiento para besarse a la sombra de los árboles. A veces desde este lugar que escojo para ver aparecer la tarde, hacer alguna siesta, leer, escribir correos electrónicos, responder mensajes de messenger o wasap, y escuchar música, oigo rezar el rosario a algunas de las mujeres más viejas. Veranear en la antigua escuela del pueblo es toda una aventura. De repente se unían a rezar o incluso velar a alguien a modo de tanatorio. También desde la escuelita se montaban timbas de envite hasta altas horas de la madrugada bebiendo mistela casera, comiendo lapas, bulgaos y maníses con cáscara haciendo su característico ruido entre las manos. De repente entre las risas y gritos de "envío", y "chico fuera" se oían aplausos de entusiasmo ante una buena jugada. Y de vez en cuando, y también de repente, aparecía algún cura a pedir las llaves de la iglesia, porque la prima lejana, Isabelita, la que heredara la casa, tenía llaves de casi todo. Ella era una gran anfitriona. Cada año me recibía con los brazos abiertos, nunca me preparaba la misma alcoba, eso sí, nunca el salón que fue el aula por el que pasaron los entonces niños y niñas, donde aprendieron a leer y sumar, la tabla de multiplicar, geografía e historia, ciencias naturales y literatura. Aquella época franquista en la que solo unos pocos hombres llegaron a la Universidad. En la que algunas mujeres aprendieron a leer, tener opinión propia mientras bordaban. 

Isabelita veneraba el recuerdo de nuestra tía abuela, la maestra. Ella niña aprendió todo y más, mejor que nadie, pero sin título que enseñar. Ella la cuidaba, le hacía la comida y le mantenía la gran casa limpia y fresca. Por eso la heredó. Nadie protestó cuando la tía abuela murió y se la dejó. Ninguno de nosotros vivía en Yaiza, en Lanzarote. Todos habíamos nacido fuera, o levantado vuelo hacia otra isla. 

Cada verano los escenarios eran diferentes. Desde que me divorcié y opté por venir a pasar aquí al menos veinte días, de ellos, unos pocos con mis hijos antes de retomar todo el mes que me correspondía, me llenaba de energía y rememoraba mi infancia en el pueblito sureño. Traté de que mis hijos lo disfrutaran igual, pero no es lo mismo. Fran tiene ya dieciséis años y la pequeña Martina apenas llega a los diez. Ya no hay camellos en la trastienda de los vecinos que tenían el pequeño comercio del pueblo. Recuerdo ir a comprar y colarme con la hija de los dueños a verlos. Siempre estaban tumbados y las moscas los rodeaban sin descanso. A veces veía a Marcial, el cabeza de familia, como se decía entonces, salir por las mañanas camino de La Geria. Allí recogía higos y uvas. Volvía por la tarde con encargos para los vecinos. Las mejores sandias que jamás probé las comí en la isla. Pero a mis hijos ya no les interesa nada más que haya la wifi y que los lleve a Playa Blanca a pasar el día. A Fran ni lo veo, desde que llega se pierde con los amigos que ha ido haciendo en estos años de veraneo. Casi todos son de Las Palmas de Gran Canaria y coinciden también allá durante el resto del año. A veces me los llevo a pescar y pasamos algunas horas juntos. Martina casi siempre nos supera en el número de presas. 

Recordando todo esto y con el calor de esta tarde no comprendí que era mi tarde. Había señales que me indicaban todo: los mareos, el hormigueo en la punta de los pies, la falta de apetito y una fuerte punzada en la boca del estómago. Pensé que las voces eran tan reales como cada tarde. No me fijé en el saludo de doña Herminia, ni caí en los gritos de Leandro llamando a su perro. No paré a reflexionar por qué aquella tarde hacia más fresco que de costumbre. Oí las carreras del médico. Sentí como caía mi teléfono de las manos… ahora que veía a la tía abuela Esperanza, con su traje negro y los rezos y llantos eran más intensos, comprendí que aquella era mi tarde. Ahora desde el vértigo sin vuelta atrás de la libertad, ahora que no tendré una ventana desde la que observar el mundo que me rodea… ahora mis ojos han dejado de mirar. La tarde resplandece en una calle desierta. Siento frío y me acerco al mar buscando estrellas en la marea. Cada cual ha seguido su camino y paramos el reloj queriendo retener los recuerdos. Pero doña Herminia falleció hace más de 20 años, Leandro, un lustro quizá, y puede que ya ni exista su perro. Cómo no me di cuenta antes de que todo esto son solo recuerdos que como sombras morirán al morir el día. Bendita naturaleza que nos regala infinitas imágenes que se quedan en la retina y nos hacen vibrar. Ya puede subir la marea y tragarse tu nombre escrito en la arena. La escuelita es un museo desde hace poco más de tres años. Recordé un trocito del libro Pedro Páramo de Juan Rulfo ahora todo lo que me rodeaba es mágico, voces de personas muertas, yo mismo soy una de esas personas y aquello no era Comala, era Yaiza el pueblo de mi abuelo materno: “Era la hora en que los niños juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde. Cuando aún las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol”.

Relato publicado en la revista Suburbalia en verano de 2019,

lunes, 15 de julio de 2019

Azul turquesa

Alicia Mentado, derechos de autor.
La tristeza rodeaba su vida, a temprana edad sufrió una violenta agonía. Pero la vida empujaba deprisa y la sonrisa abrió paso al dolor. Se rodeó de su color favorito: el turquesa. La libertad aguardaba al otro lado del espejo. El tiempo reflejó la esencia de la propia miseria y corroyó el pensamiento. Era la paz esperada, era la felicidad negada, las que ahora tocaban a las puertas del infierno. El negro se fue diluyendo y azul se apoderó de todo, el azul turquesa del mar en calma, del agua cristalina, de la belleza infinita que el alma reclamó en justa medida.
A edad temprana su pelo se llenó de canas. A edad temprana sacudió su duelo, se pintó de color azul su cabello y de repente le esperaba la vida con fuerza al otro lado del espejo.


Marina

En su mirada felina de ojos transparentes puede adivinarse su fuerza vital. Marina forma parte de ese porcentaje tan pequeño de personas con ese color de ojos. Personas que fueron perseguidas por unos, como si fueran demonios, por otros como si sus portadores fueran dioses o seres divinos venidos a salvar el mundo.
Marina mira diferente. Cuando te mira con sus ojos verdes puedes navegar en aguas cristalinas. Puedes sumergirte en un mundo inimaginable de magia y color. Dulzura, destreza, fortaleza y debilidad. Rosa, verde, blanco, rojo, azul...negro. Todos los colores del mundo en su mirada, todos los rostros y reflejos en su mirada. La hace diferente, la hace bella y casi inhumana. Marina es diferente y en su diferencia radica el empuje del oleaje, ese primigenio que mueve el mundo.
Ángel Uribe, derechos de autor. Para el Universo mágico de Ame Reyes.

sábado, 2 de marzo de 2019

"De casi obligada lectura"



Aquí dejo otra reseña de mi novela...

"El periodista mexicano y sus compañeros intentaban hacer un análisis profundo de la realidad del narcotráfico y el tráfico de armas, lo que les convertía en héroes nacionales....( La espiral del silencio..)

"La espiral del silencio" de la escritora y periodista canaria Mayte Martin; admirable en su manejo de la acción y caracterización de los personajes centrales. La perfecta estructura de su contenido donde el núcleo de su entramado sirve de hilo conductor a través de unos personajes de ficción entremezclados con sujetos reales, coetáneos del contexto histórico actual, para denunciar el asesinato y la descarnada realidad de muchos periodistas y corresponsales en zonas de conflictos que son perseguidos y acosados por aquellos poderes o mafias al fin y al cabo, que ven comprometido su estatus o que sus testimonios son una amenaza para mantener sus privilegios y autoridad en aras de unos pocos...
Según mi criterio me parece una novela de casi obligada lectura, mediante la cual se nos informa y somos conscientes de esta brutal e intolerable realidad, el derecho de todos a estar en posesión de información fidedigna y no tergiversada, con todas las repercusiones negativas que ello conlleva para la libertad e integridad de nuestro colectivo y de sus individuos....

.Foto del perfil de María Hl, La imagen puede contener: María Hl, sonriendo, primer plano 
María HI, es  profesora, escritora en la revista Intropía y copresentadora en Islaazul Radio.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Reseña de Cecilia Domínguez


Les dejo la reseña de Cecilia Domínguez Luis, (La Orotava, 1948) es licenciada en Filología Hispánica. Premio Canarias de Literatura 2015 por su larga trayectoria literaria, es autora de más de una veintena de libros. Se prodiga en poemas, pero también se ha dedicado a la narrativa y al cuento infantil, siendo este uno de los objetivos que más la incentivan. Primera mujer en acceder a la presidencia del Ateneo de La Laguna (entre 1999 y 2001), ha sido también una de las primeras escritoras en ingresar en la Academia Canaria de La Lengua, a la que pertenece desde 2011. Nombrada miembro del Instituto de Estudios Canarios en 2013, sus obras han sido traducidas a varios idiomas, como el francés, el rumano y el alemán, y ha participado como ponente en diversos congresos nacionales e internacionales de lengua y literatura, así como en encuentros de poesía, dentro y fuera de las Islas.

La espiral del silencio, frase que da título a la primera novela de Mayte Martín, publicada por Aguere-Idea, es una teoría de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neuman, según la cual, y tal como se dice en la novela, «los individuos tenemos miedo a expresar nuestra opinión en público y, muchas veces, nos dejamos llevar por lo que dice la mayoría, aunque, en el fondo, pensemos lo contrario».
Con Cecilia Domínguez Luis.

Y es precisamente de ese miedo y la superación del mismo, a través de actos de valor y entrega a la profesión que se ha elegido, de lo que trata esta novela.

En un principio se podría pensar que estamos ante una novela negra o policiaca, pero ¿lo es realmente, o lo es, en su totalidad?

Cierto que tiene muchos de los ingredientes de este género literario: El cruel asesinato de Frida, una periodista de investigación y la aparición de Sandra, amiga de la víctima y detective, que pide a Mauricio, comisario de policía, colaborar en la búsqueda del asesino. Pero también aparece un personaje que va a dar un giro a esta búsqueda: es Nicolás Rusticano, periodista y amigo —más tarde pareja— de Sandra que colaborará para intentar esclarecer los hechos.

Las pistas, aportadas por la propia Frida —protagonista ausente de la historia— llevan a Sandra y a Nico a viajar hasta Argentina, y es a partir de este viaje y lo que encuentran allí sus protagonistas, cuando el lector puede empezar a preguntarse si realmente está ante una policiaca al uso —en la que por supuesto no falta el amor, el sexo, la corrupción política y policial— o ante algo más complejo y que tiene mucho que ver con el periodismo. No es baladí que la autora de esta novela ejerza esta profesión y que su padre, una de las personas a las que dedica el libro, fuese uno de los primeros detectives privados de España.

Detective y periodista se necesitan, no solo para esclarecer los hechos, sino para que el lector tome conciencia de otros problemas que están más allá del asesinato inicial.

Como barcas en la arena de la playa

Me abrazas con palabras y haces desaparecer el miedo y las dudas. Me das la mano cuando ves que voy a caer e incluso deshaces los nudos que crecen en mi cabeza. Rasgas los pensamientos y me sacas del bucle en el que me meto. Caes sobre mí como la lluvia que lava los árboles y limpia las aceras. Alimentas el alma con el laurel que crece sobre tus hombros. Calientas mi frío con el vino de tus besos y el latido fecundo de tu verbo. Eres mi vaso de esperanza y el hilo con el que tejer mis sueños. Heridas las ganas, cerremos la puerta para que los gemidos queden varados en nuestra cama. Callada la espuma de tus olas, me enroco sobre tu pecho y me dejo querer. Resuenan las arpas, violines y redobles de campana. Mi cuerpo queda a tu merced como barcas en la arena de la playa.


viernes, 1 de febrero de 2019

Entre las sábanas



He dejado mi ausencia por toda la casa. Mi aroma se quedó impregnado en la cama y la camiseta olvidada, enredada entre las sábanas. 

Tal vez no lo digas, pero ambos sabemos que ya no soy la que era... ahora soy tu recuerdo en las frías madrugadas. 

Soy ausencia y recuerdo en la punta de tus dedos, en la comisura de tus labios, en el reflejo de tus ojos en el espejo. Soy recuerdo cada vez que hagas ese camino de vuelta. Me sentirás cogida de tu brazo y al caminar crepitaran bajo nuestros pies las hojas en otoño y en invierno. Me sentirás pegada como el sudor del duro calor del verano y la cálida luz de la primavera. 

Soy recuerdo y ausencia pegada centímetro a centímetro a tu piel. 
El eco de mi voz resuena en las paredes, mis huellas están por doquier. Porque fue real, porque soy y seré.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Otra opinión sobre La espiral del silencio

Agustín Gajate, primero a la derecha de la segunda fila.
Lo acabo de terminar de leer y ha sido una magnífica experiencia. Me gusta el mestizaje de géneros que practicas al mezclar narrativa, con crónica, noticias, un diario, cartas, algún matiz viajero y el poema de Gelman, todo ello dentro de un contexto en el que la muerte viene acompañada del arte y donde también se hace presente en algunos momentos la música. El ritmo y la acción son trepidantes, no dan tregua al lector y los acontecimientos a veces se precipitan y otras se esperan con intensidad. Hay mucha pasión en la obra y eso es de agradecer. Con lo único que no me identifico es con la definición de periodista con las tres 'D', aunque cumplo con uno de los requisitos y tengo mis momentos con los otros dos. Será que soy mal periodista. Muchos besos y espero que nos veamos pronto y comentar más cosas que me intrigan sobre la trama.

Agustín Gajate Barahona es compañero periodista y escritor. Siempre me ha acompañado en Santa Cruz de Tenerife cuando he ido a presentar mis libros. En esta ocasión fue en el Círculo de Bellas Artes el pasado día 29 de noviembre, junto a otros tantos amigos y amigas muy queridas.